"El último apague la luz"

Isidoro Gilbert – Argentina

«La salida argentina está en (el aeropuerto de ) Ezeiza» o «el último que apague la luz», dicen no pocos argentinos con un dejo de cinismo que no es sino otro de los rostros de la desesperación en tiempos de ajuste económico.

Basta pasar algún día de semana, a la madrugada, por la calle Guido al 1700, donde a la vera de un edificio Art Nuveau, cientos de argentinos se apiñan desde la puerta del caserón hacia atrás, doblando por Rodríguez Peña y a veces, otra vuelta más, en ocasiones fin de cola y comienzo se confunden, en busca del pasaporte español que otorga el consulado a quienes se dicen descendientes de los que vinieron hace más de un siglo.

Hay encuestas que cuentan que un 30% de los argentinos quisiera irse del país pero no siempre esos números son fiables: se piensa que son muchos más intentando retornar a la tierra de sus ancestros, o a Italia, claro, cuyas oficinas pertinentes viven a diario igual espectáculo (deprimente), y hasta ocurre en consulados menos atractivos (aparentemente) como Portugal y Grecia, siempre en busca del pasaporte que es una luz verde para lograr transitar por todos los países de la Comunidad Económica Europea.

Los vientos del desencanto arrecian a 13 meses de gobierno de Fernando de la Rúa. Los nietos de los inmigrantes españoles e italianos que llegaron en las primeras décadas del siglo a «hacer la América» salen en bandada al exterior y, si aún no lo hicieron, pelean en las embajadas y consulados por obtener el pasaporte de sus padres o abuelos. «Nos vamos a comer entre nosotros», dicen con una cuota de humor negro los que no tienen otra alternativa que quedarse. Casi tres millones de personas carecen empleo y son marginales, 2,1 millones, según un informe oficial del Ministerio de Desarrollo Social, ayer.

Un abismo entre ricos y pobres

La clase media cae en picada y forma lo que los sociólogos llaman la franja de «nuevos pobres», que crece exponencialmente. La economía, en cambio, no aumenta aunque ahora las autoridades después de haber logrado un megapréstamo de casi 40.000 millones de dólares que protege a la Argentina de la cesación de pagos, intuyen que tiene una oportunidad de comenzar a crecer, porque bajan las tasas de interés y el riesgo país.

Por ahora, solo se abisma la brecha entre los que más tienen y los que nada esperan. Las banderas reparadoras con las que llegó De la Rúa el 10 de diciembre de 1999 se diluyeron como agua en el agua muy pronto. La coalición de la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente País Solidario (Frepaso) que lo llevó al poder está en problemas de identidad, pero no de ruptura, lo que no dice poco pero no resuelve las cosas. Hoy el presidente reunirá a todos los ministros y las segundas líneas del gobierno, para lanzarlos a la utopía del crecimiento: no se dice, pero las elecciones de octubre, que pueden afectar la gobernabilidad del país está detrás de todo esto.

El mal humor nacional se registró con huelgas nacionales, movilizaciones y cortes de ruta. Una de las ramas de la CGT amenaza para marzo con otro paro general de 36 horas, es decir, activo, porque están sus dirigentes enojados con cómo maneja el gobierno el difícil asunto de las obras sociales. Las encuestas, en este tema, no dejan bien parados a los sindicalistas más fuertes, casi todos ellos peronistas.

En la televisión se trató al presidente con una sorna y un desdén alarmantes para la salud republicana. Un imitador del programa «Videomatch», un clásico del canal 11, lo presentaba semanas atrás como un verdadero pusilánime. La parodia era tan descarnada que desde la misma sede de gobierno se buscó amortiguarla y un periodista muy crítico, Jorge Lanata, denunció que el mismo canal, propiedad de Telefónica Argentina, le anuló un contrato a pedido de las autoridades.

En tanto Carlos Menem –el «verdadero» padre de la herencia recibida por el gobierno– se pavonea en las revistas del corazón con la modelo chilena Cecilia Bolloco. Coherente con su consigna de «relaciones carnales» con los norteamericanos, forzó una invitación para una ceremonia de segunda importancia en los fastos de la asunción de George W. Bush, cuyo padre es amigo del riojano, mientras da rienda suelta a sus sueños de retorno al poder, aunque ahora los niega.

Para peor, la canícula cae sobre los ciudadanos como una penuria adicional. Los centros de veraneo reflejan qué pasa en el país, no hay llenos, todo lo contrario, y las zonas más pobres entre el calor y las carencias hasta de agua, viven en el infierno.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje