El ataque de los Aliados
Bagdad, AFP
Las primeras escenas de desolación de ese día siguen vivas en la memoria de los iraquíes, cuyo calvario continúa a causa de las sanciones que les impone la ONU desde la invasión de Kuwait. «Es una pesadilla que nada puede borrar de la memoria a causa de la intensidad de los bombardeos», relata a la AFP un estudiante de Bagdad, Salman Mohamed. La operación «Tormenta del desierto» fue la más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Los Aliados movilizaron a 580.000 militares, 750 aviones, 60 navíos y 1.200 tanques, además del apoyo de unos cincuenta países. En el otro bando, 350.000 militares iraquíes, presentados entonces como el cuarto ejército del mundo.
Frente a la supremacía aérea de los Aliados, el ejército de Saddam Hussein respondió lanzando misiles Scud contra Israel, Arabia Saudita –donde estaban desplegadas las fuerzas de la alianza internacional– y Bahrein, y prendiendo fuego a los pozos de petróleo kuwaitíes. Bajo la presión de los estadounidenses, Israel no respondió a los ataques. Cuando el presidente norteamericano George Bush anunció la liberación de Kuwait, Irak había perdido unos 4.000 tanques, 2.100 piezas de artillería, 240 aviones, 1.856 vehículos de transporte de tropas y entre 50.000 y 100.000 soldados, según diversas estimaciones occidentales.
Pero, pese a las pérdidas, Irak se mantiene firme frente a Estados Unidos. Saddam Hussein, al que Washington había prometido derrocar, sigue en el poder diez años más tarde. Y Bagdad afirma incluso haber ganado la guerra, que bautizó como «madre de todas las batallas».
Por otra parte, las sanciones, mantenidas a costa del sufrimiento de 22 millones de iraquíes, y especialmente de los niños, comienzan a mostrar fisuras. Bagdad reanudó la exportación de crudo gracias al programa humanitario «petróleo por alimentos», creado en diciembre de 1996. Y en vísperas del décimo aniversario de la guerra, el hijo mayor de Saddam Hussein, Udai, reivindicó de nuevo Kuwait como parte integrante de Irak.
La ONU sigue exigiendo que Irak acate las resoluciones relativas a la crisis del Golfo, que Bagdad afirma haber totalmente cumplido, motivo por el que reclama el levantamiento del embargo. Un diálogo entre las dos partes para analizar las cuestiones pendientes está previsto en febrero, poco después de la toma de posesión de la nueva administración norteamericana de George W. Bush, acogida con escepticismo en Bagdad.
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