OPINION INTERNACIONAL

UN MAOISMO PRAGMATICO

El 18 de septiembre, Prachanda (seudónimo que significa El Temible, su verdadero nombre es Pushpa Kamal Dahal) retornó a Nepal luego de una visita oficial a India, permaneció una noche en Katmandú e inmediatamente partió hacia Estados Unidos. Vestido con elegancia, Prachanda se reunió con dirigentes e industriales indios y les dijo que pueden confiar en su gobierno y que Nepal estaba abierto para grandes inversiones indias en hidroenergía, manufacturas e infraestructura.

El ex guerrillero se dirigió después a Nueva York para hablar en la Asamblea General de la ONU y para entrevistar a altos funcionarios del Departamento de Estado.

Los maoístas lanzaron una lucha armada en 1996 y obtuvieron rápidas victorias militares. En 2005, forjaron una alianza con partidos parlamentarios para marginar a la monarquía. Los maoístas emergieron como el mayor partido en las elecciones de abril pasado y conducen un nuevo gobierno de coalición. Hace sólo dos años hubiera sido difícil imaginar que Nepal . pasara de ser una monarquía a convertirse, sin derramamiento de sangre, en una república. Tampoco era entonces imaginable que Prachanda se convertiría en el primer maoísta en la historia mundial en ser elegido como jefe de gobierno.

El ideólogo maoísta Baburam Bhattarai es ahora el ministro de finanzas y un ex comandante guerrillero es el ministro de defensa. El 19 de septiembre, Bhattarai dio a conocer el ansiosamente esperado presupuesto gubernamental. Había expectativa por saber si el presupuesto se incluiría el financiamiento para las consignas maoístas de reforma agraria revolucionaria, distribuciones populistas a los pobres y altos impuestos a las propiedades y bienes de lujo. Pero, pese a que los 4.000 millones de dólares del presupuesto representan un 30% más que las cifras del año anterior, se trata de un documento mucho más pragmático de lo que se esperaba.

Enfrentados con una crisis de recursos y una economía débil, los maoístas parecen haber decidido que éste no es un tiempo para actuar dogmáticamente. Una considerable parte del presupuesto está destinada a la reconstrucción de infraestructuras y de edificios gubernamentales que los guerrilleros maoístas destruyeron durante la guerra. Prachanda parece pensar que hacer la guerra puede ser más fácil que cumplir con las promesas utópicas lanzadas durante la revolución.

No obstante, la mayoría de los nepalíes quiere dar una oportunidad a los maoístas. El programa económico apunta a crear puestos de trabajo mediante grandes inversiones en infraestructura, decuplicar la generación hidroeléctrica en 10 años, lograr un crecimiento económico de 7% anual, incrementar sustancialmente el ingreso per cápita, alcanzar la alfabetización universal en tres años, construir una arteria ferroviaria este-oeste y un nuevo aeropuerto internacional, así como impulsar el turismo.

El principal desafío, sin embargo, es el de proporcionar alivio económico a los nepalíes. Más de la mitad de la población (28 millones) vive por debajo de la línea de pobreza y hay una enorme escasez de alimentos. El gobierno no puede permitirse subsidiar los productos petroleros y la gente tiene que hacer largas colas en las estaciones de servicio. Asimismo, el gobierno necesita hallar puestos de trabajo para los 450.000 nepalíes que entran cada año al mercado laboral. Más de la mitad de ellos emigra cada año en busca de trabajo. Pero no podrán solucionarse todos estos problemas sin estabilidad política, necesaria para atraer a los inversores extranjeros.

En encuentros con empresarios en Nepal e India los maoístas manifestaron que respetan el libre mercado y la propiedad privada e invitaron a sus interlocutores a invertir en Nepal. No todos están convencidos de que los maoístas vayan a respetar esas promesas. El ala juvenil de los maoístas está todavía extorsionando a comerciantes y la militancia sindical ha asustado a las multinacionales en Nepal.

Al parecer, la dirigencia maoísta cree en el modelo Deng Xiaoping más que en la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung. La meta política de Prachanda es asegurar que la coalición liderada por los maoístas permanezca intacta de modo que la Asamblea Constituyente de 601 miembros pueda elaborar la nueva constitución. El proceso de paz debe mantenerse hasta que los 19.000 guerrilleros que están en campamentos supervisados por la ONU sean desmovilizados o integrados al ejército nacional.

Éstos son retos enormes, pero dada la suavidad con que se ha encauzado en los últimos dos años la drástica transformación de Nepal existe una buena posibilidad de que el gobierno maoísta pueda enfrentarlos con éxito.

Director del semanario Nepali Times de Kamandú. (COPYRIGHT IPS)

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