Benedicto XVI y Sarkozy. Reclaman un laicismo más abierto a la religión

El Papa condena el fanatismo

El Papa advirtió que la actual generación debe enfrentar «los extremos de la arbitrariedad subjetiva y del fanatismo fundamentalista», en un discurso pronunciado esta tarde ante 700 intelectuales y académicos en el colegio medieval de los Bernardinos, dedicado a la relación entre la fe y la razón.

«Sería fatal si la cultura europea de hoy llegase a entender la libertad sólo como la falta total de vínculos y con esto favoreciese inevitablemente el fanatismo y la arbitrariedad», sentenció.

Al ser recibido al mediodía en el palacio del Elíseo, Benedicto XVI retomó el concepto de «laicismo positivo», acuñado por Sarkozy durante una visita al Vaticano en diciembre pasado, para reclamar una «comprensión más abierta» de las relaciones entre Iglesia y Estado.

«Usted, señor presidente, utilizó la expresión ‘laicismo positivo’ para designar esta comprensión más abierta», afirmó, al apoyar la distancia tomada por Sarkozy de la tradición laica radical francesa.

«En este momento histórico en el que las culturas se entrecruzan cada vez más entre ellas, estoy profundamente convencido de que cada vez es más necesaria una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad», agregó.

El presidente francés, en su discurso de bienvenida al Sumo Pontífice, afirmó que «sería una locura privarnos» de religiones, «simplemente una falta contra la cultura y el pensamiento. Por eso pido un laicismo positivo».

Es «legítimo para la democracia y respetuoso con el laicismo dialogar con las religiones. Las religiones, y sobre todo la religión cristiana, con la que compartimos una larga historia, son patrimonios vivos de reflexión», agregó Sarkozy al defender las «raíces cristianas» de Francia.

El Papa fue recibido en la mañana del viernes en el aeropuerto de Orly por Sarkozy y su tercera esposa, Carla Bruni.

Una hora más tarde entró al Palacio del Elíseo, sede de la presidencia, acompañado por el repicar de las campanas de todas las iglesias de París.

El Papa se dio un baño de masas en el centro de la capital al recorrer en el «papamóvil» la distancia entre el colegio de los Bernardinos, donde se reunió con los intelectuales, y Notre Dame, donde ofició unas vísperas antes de dirigirse a los miles de jóvenes congregados en la explanada de la catedral.

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