OPINION INTERNACIONAL

IRAN: NO A LA IGUALDAD

El artículo no fue rechazado sino que fue devuelto a una Comisión para volver a ser discutido, lo que significa que la victoria solo puede considerarse como provisoria.

Este revés del régimen islámico no significa que éste haya retrocedido en su obstinada política de discriminación de la mujer. Antes de la revolución de Khomeini, el Shah había concedido a las mujeres el derecho al veto a la potestad que el Islam otorga a los esposos de tener cuatro esposas permanentes. Pero en junio pasado, el presidente Mahmud Ahmadinejad trató de eliminar esta medida de protección legal lanzando una campaña con citas del Profeta Mahoma y los 12 imanes del Islam shiíta para demostrar que los hombres que tenían muchas mujeres obtendrían un acceso más fácil y rápido al paraíso. Una ley anterior a la revolución khomeninista hacía las cosas más difíciles para los hombres que deseaban disfrutar de la poligamia : exigía que quienes querían tener más de una mujer debían probar que tenían recursos suficientes para mantener más de un hogar. Como no había demasiados hombres lo suficientemente pudientes para mantener dos, tres o cuatro hogares paralelos, la poligamia se transformó en un fenómeno muy minoritario.

Según un informe de la BBC publicado el 9 de setiembre, entre los opositores a la ley propuesta se contó el presidente del Parlamento y algunos destacados teólogos como el Ayatollah Yusef Sanai que calificó que un segundo matrimonio sin permiso de la primera mujer es «haram, es decir un pecado y una ofensa religiosa contraria al concepto justicia prescripto por el Corán».

El principal propulsor de la ley es el presidente Ahmadinejad que sostenía que lo que está en juego es la «re-islamización» de la condición de la mujer. Según él, el Shah había utilizado leyes inspiradas por los sionistas y los cruzados para encarar los temas femeninos.

Otro derecho que la ley por ahora archivada daba a los hombres, era el derecho islámico de los hombres de decidir unilateralmente su divorcio sin informar siquiera a su mujer. Los hombres asimismo quedarían relevados de pagar alimentos.

En cambio debían pagar la «marieh» (una suma fijada en el contrato de matrimonio) que estaría fuertemente gravada por impuestos. De esta manera sería muy poco lo que le quedaría a la esposa para su subsistencia después de un divorcio de esta clase. En opinión de la activista feminista Susan Tamahspi, si la ley se hubiera aprobado habría sido un retorno a las épocas más oscuras de la historia.

Según lo narra con amplitud de detalles el politólogo y periodista iraní radicado en Europa, Amir Taheri, hubo reuniones y mitines en todo el país y se inició una recolección de firmas con el objetivo de reunir un millón de adhesiones. La reacción del régimen no se hizo esperar. Esta semana cuatro dirigentes femeninas (Parvi Ardalan, Nahide Keshavarz, Maryam Khusein Khah y Zhaleh Javaheri fueron detenidas y sentenciadas a seis meses de prisión. De acuerdo al informe de la BBC, la primera de ellas, Parvi Ardalan , obtuvo el premio Olof Palme este año, pero su pasaporte le fue secuestrado en el aeropuerto y no se le permitió viajar. Unas 50 mujeres han sido detenidas desde que empezó la campaña de recolección de firmas. Cinco activistas faltan de sus hogares y el régimen no reconoció que hayan sido arrestadas.

La propaganda oficial del régimen islámico trata de describir al movimiento femenino como parte de un complot de «sionistas y cruzados» para socavar al Islam. En los últimos días, la prensa pro-gubernamental ha tratado de vincular a Shirin Ebadi, la Premio Nobel de la Paz que dio su apoyo al movimiento femenino, con la religión Bahai, prohibida por el régimen. Esto, señala Amir Taheri, es una amenaza muy peligrosa porque abandonar el Islam por otra fe es un «crimen» que puede ser castigado con la muerte.

¿ Qué es lo que persigue el presidente iraní con este endurecimiento de la política discriminatoria contra la mitad de la población de su país ? Por una parte, Mahmud Ahmadinejad, discípulo del fanático primer líder de la Revolución Islámica, el Ayatollah Khomenini, parece compartir el odio visceral que éste tenía a la mujer. Por otra parte, como cree la feminista de Teherán Haydeh Karimi «Ahmadinejad quiere sacar a las mujeres de las universidades y de la vida pública. El piensa que puede reducir la desocupación masiva expulsando a las mujeres de sus trabajos y dándoles sus cargos a los hombres».

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