Enfrentamientos. Al menos ocho muertos en el norte del país

Evo advierte a la oposición: "La paciencia tiene un límite"

Grupos civiles opositores de Bolivia mantenían ayer jueves en jaque al gobierno de Evo Morales, quien advirtió que «la paciencia tiene un límite» tras violentas protestas por tercer día que dejaron al menos ocho muertos y afectaron el suministro de gas a Brasil y Argentina.

Al creciente clima de tensión interna Morales añadió un fuerte roce diplomático con Estados Unidos, a cuyo embajador en La Paz, Philip Goldberg, pidió expulsar tras declararlo públicamente «persona no grata» acusándolo de promover la división en Bolivia.

Washington calificó el paso de «grave error», mientras la oposición alertó por una eventual suspensión de la ayuda norteamericana, principal aportante con más de cien millones de dólares anuales.

Morales afronta protestas en cinco de los nueve departamentos de Bolivia, donde sectores de oposición provocan disturbios en rechazo a la intención del gobernante socialista de aprobar en referendo un nueva Constitución.

Además exigen la devolución de fondos a las prefecturas provenientes de un impuesto a los hidrocarburos -nacionalizados por Morales en mayo de 2006- que fueron destinados a la financiación de un bono anual a los ancianos.

Tras la ocupación y saqueo de oficinas públicas y la toma de tres aeropuertos, los manifestantes afectaron drásticamente el bombeo de gas natural a Brasil y Argentina.

A contramano de las invocaciones a la pacificación de la Iglesia católica y el Defensor del Pueblo, la situación recrudeció este jueves cuando al menos dos muertos y una docena de heridos se registraron en el departamento de Pando, fronterizo con Brasil, durante enfrentamientos entre opositores y campesinos oficialistas.

«Vamos a tener paciencia, prudencia, como siempre tratar de evitar la confrontación, vamos a aguantar, pero la paciencia tiene un límite, de verdad», sentenció el mandatario.

El ministro de Gobierno (Interior), Alfredo Rada, agregó que «el golpe cívico-prefectural se está convirtiendo rápidamente en violencia interna».

«En Pando, Tarija y Santa Cruz la sociedad civil está fracturada. Estos enfrentamientos internos son exclusiva responsabilidad de los prefectos y líderes civiles que intentan romper el régimen democrático», argumentó.

En medio de un clima de creciente beligerancia, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez -aliado ideológico de Morales- advirtió la disposición de su gobierno de intervenir en Bolivia y «realizar movilizaciones de cualquier tipo» si dan un golpe de Estado contra su homólogo boliviano.

«Si a Evo lo derrocaran, lo mataran, sepan los golpistas de Bolivia que me estarían dando luz verde para apoyar cualquier movimiento armado en Bolivia», dijo Chávez en un mensaje televisado.

Según reiteradas denuncias de sectores políticos de derecha, Venezuela y Cuba tienen militares desplazados en Bolivia disfrazados de cooperantes.

Con otra tónica, el secretario general de la Comunidad Andina (CAN), Freddy Ehlers, expresó en Lima su rechazo a los actos de violencia en Bolivia y llamó a sus autoridades y fuerzas políticas al diálogo para preservar la democracia en esta nación andina, informó un comunicado del grupo subregional.

La CAN (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) expresó su convencimiento en que Morales «sabrá encontrar una salida constitucional a esta situación, a través del camino de la paz y del diálogo, que contribuya a la preservación de la institucionalidad democrática y la unidad de Bolivia».

 

ES UN ERROR, AFIRMA EEUU

El gobierno boliviano descartó ayer jueves romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos, país que calificó como «grave error» la decisión del presidente Evo Morales de pedir la expulsión del embajador Philip Goldberg, en medio de la peor crisis diplomática bilateral. Ayer Washington decidió expuslar al embajador boliviano, como respuesta a la medida de la paz.

El ministro boliviano de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, brazo derecho del gobernante, ratificó sin embargo la decisión del mandatario de declarar persona «no grata» al diplomático estadounidense, acusado de apoyar las protestas en cinco de las nueve regiones para provocar la división del país, y tiene 72 años para dejar el país.

Sin embargo, puntualizó que «una declaración de persona no grata no significa necesariamente una ruptura de relaciones diplomáticas», aunque aseguró que el gobierno «tiene la facultad, potestad y el derecho de ejercer las medidas necesarias para preservar nuestra soberanía». La autoridad boliviana aclaró que no se piensa romper relaciones diplomáticas, como lo enfatizó en varias oportunidades el presidente Morales.

Morales -para argumentar la expulsión, que aún no se produjo- dijo que los pergaminos diplomáticos de Goldberg certifican que sus labores van dirigidas a generar la división de países, como lo habría hecho -según La Paz- en Bosnia y Kosovo en la década del 90 y del 2000.

El gobierno recordó las reuniones realizadas semanas atrás por el embajador con los prefectos de oposición de Santa Cruz, Chuquisaca, Tarija y Beni, quienes encabezan el rechazo al mandatario y son los motores de las manifestaciones. Tras la decisión del gobierno boliviano, una primera reacción casi inmediata de la embajada de Estados Unidos en La Paz se limitó a señalar que no había llegado una comunicación oficial por los canales diplomáticos. Pero ayer el Departamento de Estado, a través del portavoz Sean McCormack, señaló que Morales cometió un «grave error», como el punto más álgido de las tormentosas relaciones entre La Paz y Washington. «La acción del presidente Morales es un grave error que ha dañado seriamente la relación bilateral», dijo McCormack.

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