Colom, víctima de espionaje
«Quiero declarar a partir de hoy la guerra a todos los que escuchan llamadas, a todos los que realizan inteligencia privados ilegales porque aquí en Guatemala el orden y la ley se tiene que cumplir», dijo Colom en rueda de prensa en el Palacio Nacional de la Cultura, antigua sede de gobierno.
Anunció que solicitó «apoyo a países amigos para comenzar a detectar todos los sistemas de escuchas privados que puedan haber en cualquier parte del país que no sea de las fuerzas de seguridad o del Ministerio Público (Fiscalía General)».
«Vamos a encontrarlos y vamos a poner orden de una vez por todas», enfatizó el gobernante en un tono desafiante y evidentemente molesto.
En enero comenzó a funcionar la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), apoyada por las Naciones Unidas, para desarticular los cuerpos ilegales o clandestinos que operan en el país y se han incrustado en las esferas gubernamentales, según reconocen la autoridades.
Colom mostró varios aparatos, los cuales «son modernos, tienen registro y serie, (por eso) vamos hacer todo lo posible para encontrar la verdad de esta situación», agregó.
De acuerdo con el gobernante, los aparatos de comunicación estaban en su residencia (periferia este), Casa Presidencial, ubicada en el centro histórico de la capital, y en la oficina de la Primera Dama, Sandra Torres, contigua a la casa de gobierno.
Por ello, indicó que clausuró temporalmente la Casa Presidencial «hasta que no esté totalmente limpiada» y ahora revisarán a todos los trabajadores antes de abandonar ese inmueble.
Por el descubrimiento, el mandatario aceptó la renuncia del jefe de su seguridad, Carlos Quintanilla, debido a que era su responsabilidad el resguardo de la Casa Presidencia.
En su lugar nombró a Ricardo Marroquín, fundador de la llamada Secretaría de Asuntos y Análisis de Seguridad (SAAS).
Además, renunció Gustavo Solano, titular de la Secretaría de Asuntos Estratégicos, el ente civil que sustituyó la inteligencia militar después de 1996 cuando se puso fin a una guerra de 36 años que dejó 200.000 muertos o desaparecidos.
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