TERRORISTAS CONTRA… TERRORISMO
En 2003 la organización, de cuyas filas salieron algunos líderes de Al Qaeda, renunció oficialmente a la violencia. Esto no quiere decir que haya renunciado básicamente a su objetivo esencial: sustituir a los gobiernos del Medio Oriente con un califato fiel a los principios del Islam, de acuerdo a sus puntos de vista. Pero últimamente Gamaa al Islamiya dio un paso inesperado hacia la moderación al condenar de manera expresa el ataque suicida de Boumerdes en la región kabila de Argelia. El editor del diario árabe de Londres «Asharq Alawsat», Tariq Alhomayed comenta ese pronunciamiento en estos términos : «Sin duda, la declaración de Gamaa al Islamiya es muy importante, no solo porque rechaza los actos suicidas sino porque los desvaloriza, calificándolos de «acciones cobardes y despreciables». Con ello, Alhomayed reconoce que la mística heroica que rodea a los ataques suicidas no ha desaparecido y que hay quienes siguen glorificándolos como «el arma más letal contra el enemigo». El periodista agrega : «Lamentablemente, el enemigo son nuestros países y nuestras sociedades». Pero lamentablemente ni una declaración de ex terroristas que condenan algunos actos de terrorismo suicida ni un artículo en un periódico árabe londinense son suficientes para enfrentar a toda una avalancha propagandística. Dos ejemplos: «Al Jazira» el canal árabe que se precia de ser tan civilizado y objetivo como la BBC realizó un homenaje especial a Samir el Kuntar, el terrorista libanés que aplastó el cráneo de una niña israelí frente a su padre y que fue liberado en el canje en el cual Hezbollah devolvió los cadáveres de dos soldados israelíes. La presentación del programa puso en ridículo las pretensiones del canal de ser serio y objetivo y el director general del canal, Waddak Khanfar, pidió disculpas al entender que las repercusiones negativas en Occidente habían sobrepasado en mucho a las presuntas ventajas que su alineación con Hezbollah podía haber dado a «Al Jazira» entre los televidentes árabes. Sin embargo, más tarde el vice-director del canal, Ahmad Jadallah, desmintió que el canal se haya disculpado. Otro notorio ejemplo de siembra del odio y de exaltación del terrorismo tiene lugar en Nabatiyeh, en el Sur del Líbano, o sea en un territorio que sólo es nominalmente libanés pero que de hecho es controlado por Hezbollah. Como lo informa Robert F.Worth en el «New York Times» del 3 de setiembre, en ese lugar ha sido instalado una especie de altar en homenaje al siniestro terrorista Ihmad Mugnieh, al que se exalta como uno de sus grandes líderes militares en la lucha contra Israel. Ni su rol en la lucha contra Israel ni quienes fueron los autores del atentado que puso fin a su vida en Siria, han sido aclarados nunca (algunas versiones consideran que fue víctima de una lucha de poder interna mientras otras hipótesis responsabilizan al Mosad israelí o al Servicio de Inteligencia de Damasco). Pero de lo que no caben dudas es que Mugniyah fue quien planeó una serie de secuestros de occidentales en la década del ochenta en Beirut, así como ataques espectaculares como el atentado suicida contra las barracas de los marines norteamericanos que produjo 241 víctimas en 1983. El periodista del «Times» destaca la sofisticación de este pequeño museo de glorificación del terror. Hay un esqueleto de utilería, con el título «El invencible soldado israelí», se presentan artículos personales de Mugniah como si fueran las reliquias de un santo y hay una impresionante exhibición de artillería y armas antitanque. Además no falta la tecnología más moderna, audiovisuales, ruidos bélicos, efectos de luz sofisticados. El «altar» fue proyectado por el arquitecto Ahmed Tirani y fue construido en sólo tres semanas por 290 obreros trabajando en jornadas completas. Si Hezbollah se preocupa por el adoctrinamiento de la juventud en la doctrina de la «resistencia» contra la ocupación imaginaria de Israel ya que las tropas israelíes no ocupan ni un palmo de territorio libanés desde el año 2000, también se preocupa de demostrar a los periodistas extranjeros que son sus milicias las que dominan el país y no el gobierno legal de Beirut. El último episodio de esta demostración de «autoridad» fue el secuestro durante cinco horas de tres periodistas brasileros del equipo de TV Globo. Tariq Saleh, quien además trabaja para la BBC y para el diario «Folha de Sao Paulo» cuenta que él, junto con dos compañeros, fueron detenidos por milicianos de Hezbollah mientras intentaban hacer un reportaje en un restaurante que sirve sándwiches con nombres de armamentos con acompañamiento de ruidos de tiroteos y de vehículos militares. No les sirvieron sus visas legales ni sus credenciales del Ministerio de Información libanés. Obviamente pasaron un mal rato. Su conclusión, al cabo de cinco horas interminables : «El Hezbollah es un cáncer que corroe al Líbano».
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