El síndrome de los Balcanes y otras yerbas
La pregunta es: ¿por qué se destapa el tarro recién ahora? Antes, ese armamento de la guerra nuclear (desecho de las centrales atómicas, altamente tóxico) mató ciudadanos irakíes, en una variante de los que quedaban enterrados en la arena bajo las orugas de los tanques. ¿A quién podía importarle en el mundo civilizado? Lo mismo aconteció con los bosnios, luego con los serbios. Ahora mismo, y a pesar de que faltan estadísticas médicas (y muchas otras cosas) en la ex Yugoslavia destrozada por la intervención, se detectó un aumento sensible de la radiactividad en 8 de 11 zonas analizadas de Kosovo.
Lo que ahora cambió es que están muriendo soldados de los países europeos que, llevados de la nariz por la OTAN (ayer bajo el mando de un encallecido agente de EEUU como Javier Solana, hoy directamente bajo la jefatura de George Robertson, y ambos tendrán que responder), acometieron el genocidio en los Balcanes.
Un arma del arsenal yanqui
En el Golfo, los 940 mil proyectiles revestidos de uranio degradado lanzados por los yanquis demostraron su capacidad de destruir la coraza blindada de los tanques, pero también la vida humana. En la ex Yugoslavia se arrojaron 31 mil proyectiles. Después de un largo período en que se hicieron los desentendidos, los Estados Unidos admitieron (solo ellos, ningún otro) que emplearon armas de este tipo. «Utilizamos uranio», reconoció Robertson en marzo pasado. El gobierno italiano aclaró que nunca había sido informado al respecto, o sea que los yanquis actuaron por sus pistolas, sin consultar a nadie. Tras cartón, los voceros de la OTAN sostuvieron que es un «arma legal» y que «no está prohibida en ninguna convención internacional». En ese terreno pretendieron negar la relación entre el uranio y el cáncer, lo que fue contradicho por especialistas en la materia, como Massimo Gianni (onco-hematólogo de Milán, citado por Brecha), que trató a los soldados italianos que murieron y a otros que padecen el mal, y asegura que basta una sola inhalación de pólvora para provocar el tumor maligno.
Ante las nuevas evidencias, la táctica varió. Robertson promete que van a investigar y a informar. Pero sin apuro. «Aunque lleve su tiempo». Para empezar, habló de un plazo de dos meses. Y después lo estirarán. Como hicieron con el bombardeo a la embajada china en Belgrado, alegando que había sido un error… un año después.
La cosecha de la muerte
Mientras tanto, los muertos se siguen acumulando. Se contabilizan 8 soldados italianos, 5 de Bélgica, 2 de Holanda, 1 de España y otro de Portugal, la prensa checa informa que uno de sus pilotos que cumplió una misión en Bosnia murió el año pasado de leucemia.
Hay 4 enfermos graves en Francia, otros 40 militares italianos padecen distintos tipos de cáncer.
Una versión hace llegar a mil los afectados en Bélgica. Todos estos países solicitaron informes al mando otaniano.
Aviones y marines
Estados Unidos lleva esa política de guerra y agresión a los cuatro rincones del mundo.
Acaba de asumir Sila María Calderón como gobernadora de Puerto Rico. Su primera declaración fue para reclamar el fin de las maniobras de la marina USA en la isla de Vieques. «Queremos a la marina fuera de Vieques», dijo enfáticamente, a tono con lo que planteó en la campaña electoral y de lo que viene reclamando, con una movilización ejemplar y las más variadas formas de lucha, el pueblo boricua. Reiteró: «Paz para Vieques. No admitimos ninguna posposición al cese de los ejercicios navales en la isla». No hubo respuesta de Washington.
Uno de los últimos actos del gobierno de Clinton consistió en venderle a Chile 10 aviones F-16, que sirvieron durante la guerra del Golfo. Se menciona la cifra de 600 millones de dólares. Analistas sostienen que EEUU busca reforzar de esta forma su presencia estratégica en el Cono Sur, y acentuar la dependencia a su respecto de los países de la región. En todo caso, ello exacerbará la carrera armamentista entre los países vecinos. Es lo único que nos faltaba.
Los hombres (y mujeres) de la guerra
Basta mirar el gabinete que ha ido conformando George W Bush para apreciar el predominio en su seno de gente dedicada específicamente a los menesteres bélicos.
El secretario del Estado será el general Colin Powel, jefe de Estado Mayor del Ejército, que dirigió las operaciones militares de la guerra del Golfo bajo la presidencia de Bush padre. Vuelve al Pentágono Donald Rumsfeld, que desempeñó el cargo con Ford y es partidario acérrimo de la defensa antimisiles (guerra de las galaxias). Comparte esa obsesión con la señora Condoleeza Rice, próxima consejera para la seguridad nacional: esta dijo en entrevista con El País de Madrid (17.XII.00) que su primera prioridad sería la defensa nacional de misiles (DNM), la instalación de misiles en el espacio. No se olvide que el vicepresidente electo, Dick Cheney, era secretario de Defensa de Bush padre en la invasión a Panamá de 1989 y la guerra del Golfo en 1991.
Y no se olvide tampoco que Bush jr vela las armas para acelerar la aplicación del intervencionista Plan Colombia, que amenaza a toda América Latina.
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