Tensión en el Cáucaso. El presidente Medvedev busca recrear el eje Moscú-Pekín

Occidente advierte a Rusia

Rusia estaba sometida ayer miércoles a presiones por haber reconocido la independencia de dos regiones separatistas georgianas en una iniciativa que "preocupa" a China y ha llevado a los occidentales a pedirle que no "comience" una nueva Guerra Fría.

Jueves 28 de agosto de 2008 | 2:24
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"Tenemos nuestra propia vía", dijo el presidente

Pekín, que había permanecido en silencio, dijo estar “preocupada por los últimos acontecimientos en Osetia del Sur y Abjasia”, anunció la agencia China Nueva, que cita un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, Qin Gang.

Unas palabras que se conocieron poco antes de una reunión entre el presidente ruso, Dimitri Medvedev, y su homólogo chino, Hu Jintao, en Dushambé, capital de Tayikistán, aprovechando la cumbre de los países de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS).

Medvedev, que reservó para China su primera visita oficial relevante desde su investidura en mayo, desea, al igual que hizo su predecesor Vladimir Putin, componer un eje Moscú-Pekín, habida cuenta de que sus relaciones con los Occidentales no atraviesan por su mejor momento.

Entre tanto la presión iba en aumento.

El secretario del Foreign Office, David Miliband, declaró en Kiev que correspondía a Rusia “no empezar” una nueva guerra fría, aunque estimó “contraproducente aislarla”.

“Rusia era, es y seguirá siendo el último país del mundo en querer que se repita la Guerra Fría”, le respondió Dimitri Peskov, portavoz del primer ministro ruso, Vladimir Putin.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, denunció el reconocimiento de la independencia porque “apunta a un cambio unilateral de las fronteras” y llamó a Rusia a retirar “sin demora” sus fuerzas militares de Georgia “hasta las líneas anteriores al estallido de las hostilidades”.

Francia, presidenta de turno de la Unión Europea, también acusó a Moscú de haberse puesto “fuera de la ley internacional” en Georgia y de tener “otros objetivos” para después de Osetia del Sur y Abjasia, entre los que figurarían “Crimea, Ucrania, Moldavia”.

El presidente ucraniano, Viktor Yushenko, decidido a integrar su país en la OTAN, estimó que la iniciativa rusa constituía “una amenaza para la paz” en toda la región y Europa.

La UE debería respaldar claramente una adhesión de Ucrania para evitar que este país se convierta, después de Georgia, en “el próximo blanco de las presiones políticas” de Rusia, consideró el comisario europeo para la Ampliación, el finlandés Olli Rehn. La Alianza Atlántica urgió a Rusia a “revocar su decisión” de reconocer la independencia de los dos territorios que “viola numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU” sobre “la integridad territorial de Georgia”.

Las autoridades georgianas, por su parte, decidieron reducir sus vínculos con Rusia, dejando a tan sólo dos diplomáticos en Moscú, declaró a la AFP la ministra de Relaciones Exteriores georgiana, Eka Keshelashvili.

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