Breves internacionales (II)

Un ciego de 29 años, detenido cuando conducía ebrio el vehículo de un amigo que le acompañaba como copiloto, fue condenado el pasado viernes a un mes de prisión y a 500 euros de multa por el Tribunal Correccional de Nancy (noreste de Francia). Al hombre que le había dejado al volante, también en estado de ebriedad en el momento de los hechos, se le ha suspendido el carné de conducir durante cinco meses. Los dos hombres habían sido detenidos por la gendarmería francesa en la región de Meurthe-et-Moselle, en una carretera comarcal poco frecuentada, el 25 de julio hacia las 3 de la madrugada, alertada por los zigzags de un coche que circulaba muy lentamente. Ante el estupor de los gendarmes, el conductor les anunció que era ciego. El alcoholímetro había dado positivo en los dos hombres. «Era algo que quería hacer desde hacía tiempo, se lo dije (al compañero) y él cedió. No intento excusarme», se justificó el conductor, que ejerce de periodista sobre su condición de ciego. «Nos dejamos llevar por ese momento de complicidad. El estaba muy contento» cuando conducía, añadió el copiloto, un fotógrafo de 52 años que tenía «una mano en el volante, y otra en el freno de mano» en el momento de los hechos.

«Estaba muy concentrado en la carretera», precisó. «Usted tenía el doble de la tasa de alcohol permitida. ¿Eso no le convertía en un monitor poco fiable?», le preguntó retóricamente el presidente del tribunal.

El periodista ciego, acusado de conducir en estado de ebriedad, falta de carné de conducir y peligro público, ya había conducido en un circuito, una experiencia que había relatado en un periódico regional.

Su compañero, acusado de complicidad, había ilustrado el artículo.

 

David Tool es el primer extranjero que llevó la antorcha olímpica en Pekín como recompensa de las autoridades por su ardor, ya que desde hace siete años persigue por todas partes las faltas de ortografía y los errores gramaticales en inglés. Este estadounidense de 66 años lidera la «policía del inglés» de la capital china, ciudad donde a pesar de los enormes esfuerzos prometidos por las autoridades, la lengua de Shakespeare sigue siendo muy poco hablada. Ex coronel de la armada, David Tool tiene un vasto campo de trabajo, desde carteles de señalización a menúes de restaurantes.

David Tool corrige el ‘chinglish’, ese inglés fantasioso y a veces incomprensible, a menudo generado por programas automáticos de traducción. Ha rectificado el nombre del Parque de las Culturas étnicas, consagrado a las diferentes poblaciones que forman China, que había sido erróneamente bautizado en inglés ‘Parque racista’. El estadounidense también intervino para cambiar la denominación del ‘hospital del ano Dongda’ en ‘hospital de proctología Dongda’. Tool es consejero del comité oficial responsable del desarrollo de las lenguas extranjeras, que prometió en 2002 que un tercio de los habitantes de Pekín hablarían una lengua extranjera para los Juegos de 2008. Para muchos, los compromisos no han sido mantenidos. «Nos dieron a entender que (los pequineses) habían mejorado su nivel de inglés», declaró Lesley Wills, una británica. «Estamos decepcionados». Pero David Tool, profesor de la universidad de Pekín, relativiza. «Aquí hay 14 millones de personas. Es normal que antes de encontrar a los cinco millones de personas que hablan un poco de inglés se tropiece con los otros millones».

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