La gran pulseada en Bolivia
Se ha instalado así el escenario de una gran pulseada en Bolivia, destacándose el carácter agresivo de las medidas impuestas por la oposición, concentrada en los cuatro prefectos de la «media luna» (Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando, y en otro plano Chuquisaca), que pretenden instaurar un «nuevo orden» en sus departamentos y acaparar todos los poderes, al margen del gobierno central votado por el pueblo y que recibió un espaldarazo formidable en la consulta popular dos semanas atrás.
En esta instancia se votaba a favor o en contra de la continuidad de la política de cambios instaurada por el gobierno de Evo Morales, y esto es lo que aprobó el 67,41% de los ciudadanos. Conviene reiterarlo, a causa de las mentiras y tergiversaciones que divulgaron a este respecto, buena parte de los medios bolivianos e internacionales desde la primera hora de los escrutinios. La altísima votación aprobatoria recibida por el gobierno, equivalente a más de dos de cada tres votantes, superó en 14 puntos la votación de 53,74% (ya en sí una verdadera proeza) que consagró a Evo presidente en diciembre de 2005. En el revocatorio obtuvo 2.103.732 votos a favor y 1.016.992 en contra. En La Paz, que junto con El Alto contiene un tercio del electorado nacional, alcanzó 83% de los votos. En zonas rurales obtuvo más de 80% e incluso de 90%, como en el Chapare y otras. Ganó en 7 departamentos y perdió en dos de la «media luna», pero con más votos que en 2005 (40% en Santa Cruz y más en Beni, ganando en ambos en los circuitos rurales). Sus dos prefectos fueron ratificados: el de Oruro y el de Potosí, éste (el Ing. Mario Virreira) con el porcentaje más alto de todos los prefectos: 79,08%, superando incluso a Rubén Costas de Santa Cruz, cabeza de la oposición (66,43%). Ganó también, con 54%, en Chuquisaca, con una prefecta opositora (Savina Cuéllar) que promueve el tema de la capitalidad para Sucre. Dos prefectos de la oposición fueron los únicos revocados, en departamentos de gran peso político y económico: La Paz (José Luis Paredes) y Cochabamba (Manfred Reyes Villa, que después de amenazar optó por irse del país). En los dos departamentos Evo ganó con holgura y es probable que los candidatos del MAS se impongan en las elecciones de sus reemplazantes. El presidente se niega a designarlos, y someterá los cargos a votación.
Un análisis de nuestro viejo amigo Marcos Domich, dirigente del PC boliviano a quien encontramos en La Paz, enfatiza «el espectacular triunfo de las posiciones populares y revolucionarias que abogan por el cambio y por la continuidad del gobierno popular de Evo Morales. En algunos departamentos, la progresión ha sido simplemente espectacular. Tales los casos de Pando y Tarija. Además de la victoria aplastante en el altiplano (La Paz, Potosí y Oruro, 80%), ha ganado en Chuquisaca y Cochabamba. Reyes Villa ha sufrido un humillante castigo, resultó el prefecto más repudiado».
Es en este cuadro que los cuatro prefectos de la «media luna» (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, donde se acumulan el petróleo, el gas y la riqueza pecuaria) rechazaron de plano el llamado al diálogo reiterado por Evo Morales en la noche del 10 de agosto ante el pueblo reunido en la Plaza Murillo, y que fue recibido con general beneplácito.
Se lanzaron desde esa misma noche a una violenta campaña, plagada de insultos contra el presidente y el gobierno, amenazándolos con que no los dejarían ingresar nunca más a esos departamentos, proponiéndose usurpar las atribuciones del presidente y acaparar los plenos poderes en esas regiones (ya enviaron los respectivos proyectos de ley a las legislaturas locales), todo ello en medio de un llamado «paro cívico», acciones agresivas de las bandas de tipo nazi como la Unión Juvenil Cruceñista y otras similares, teñidas de un fuerte contenido racista y xenófobo y ejercidas contra los indígenas, contra los policías y contra los periodistas que registraban esas acciones vandálicas.
Es evidente que buscan llevar la confrontación a sus extremos. El gobierno ha reaccionado con una gran calma y con respeto estricto a la legalidad.
Uno de los objetivos de esas acciones desaforadas es evitar que se ponga en marcha el siguiente paso, que es la ratificación de la nueva Constitución aprobada por la Constituyente en diciembre pasado, a pesar de la enconada resistencia de Podemos y otros partidos opositores. En dicha Constitución se consagra la continuidad de los cambios que ha venido instrumentando el gobierno. Promueve también la reforma agraria, absolutamente fundamental para la gran masa campesina, y pone en manos de la ciudadanía, en una ulterior consulta, la determinación de la máxima extensión de tierra en manos de un propietario (5 o 10 mil hectáreas). Adviértase hasta qué punto el gobierno coloca la decisión de todos los temas importantes en manos del pueblo mediante el ejercicio del voto. La nueva Constitución contempla también la autonomía de los departamentos, en forma compatible con las atribuciones del poder central, y eso es lo que Evo Morales le ha propuesto a los prefectos opositores: llegar a un acuerdo que armonice estas disposiciones con sus llamados estatutos autonómicos. Pero, en actitud obstinada, el cuarteto se niega a reunirse y a discutir, y sigue adelante con sus medidas de fuerza. Pone como pretexto el destino del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) destinado en parte, por ley, a los ancianos desvalidos, lo que sólo demuestra su mezquindad y su egoísmo de clase.
Hay otro elemento en esta confrontación. El citado estudio de Marcos Domich alude a 124 millones de dólares de libre disponibilidad entregados por Usaid (entidad estadounidense, que fuera expulsada del Chapare), sobre todo a los prefectos de la «media luna», incluso como reserva para las acciones separatistas. Agrega como complemento que «la Nacional Endowment for Democracy (NSD), filial de la CIA, entregó 600.000 dólares para ‘cursos democráticos’, es decir, para enrolar agentes subversivos que se sumarán a los paramilitares que ya actúan en el Oriente».
Según la compartible conclusión del análisis, «Evo dijo dos cosas importantes en su discurso de la noche del domingo: que continuará el proceso de cambios y que el triunfo alcanzado era una reafirmación del proceso de cambios en América Latina».
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