La carrera de la ex agente del Mossad
La contienda centra la atención de los israelíes y sus vecinos, por las repercusiones que pudiera tener en el futuro del proceso de negociaciones.
El partido de gobierno, el centrista Kadima, buscará a un nuevo líder que podría convertirse en el primer ministro israelí si obtiene el consenso necesario en el Knesset (Parlamento), para evitar así las elecciones generales.
La ministra de Exteriores israelí Tzipi Livni es la favorita en la contienda interna. Livni deberá enfrentarse al ministro de Transporte, Shaul Mofaz, al ministro del interior, Meir Sheetrit, y al ex jefe del Servicio de Inteligencia Shin Bet, Avi Dicheter.
La primera ronda de las elecciones internas se celebrará el 17 de setiembre. La segunda será la semana siguiente si ninguno de los candidatos logra una mayoría de al menos 40 por ciento.
El ganador tendrá seis semanas para formar gabinete. Si no lo logra, se celebrarán elecciones generales en 90 días.
Mofaz, el principal rival de Livni, se muestra como el aspirante a primer ministro con mayores posibilidades de formar una coalición con el apoyo de la derecha. Livni trata de convencer a los suyos que sólo ella puede llevar a Kadima a un triunfo electoral.
Las encuestas le dan a Livni entre seis y diez puntos porcentuales de ventaja por sobre Mofaz, en la interna de Kadima. Además, los sondeos revelan que, con la candidatura de la canciller, el partido alcanzaría más escaños que si lo fuera el ministro de Transporte.
Con Livni a la cabeza, el Kadima obtendría 32 legisladores y el Likud de Netanyahu obtendría 27 asientos del total de los 120 que componen el Parlamento. En tanto, el Partido Laborista al que pertenece el ministro de Defensa Ehud Barak lograría un total de 14.
El Likud derrotaría a Kadima por 28 escaños contra 22, mientras que el laborismo conseguiría 16 asientos, si el partido gobernante fuera encabezado por el ministro Mofaz.
La legislatura termina en 2010. Pero Kadima no tiene intenciones en poner sus 29 escaños parlamentarios en juego, en una competencia con el popular líder del derechista Likud, el ex primer ministro Benjamín Netanyahu.
Livni, prefiere mantener la coalición existente, e incluso hacer entrar nuevos socios para fortalecerla, antes que ir a nuevas elecciones. «La izquierda y derecha es algo que pertenece al pasado», opina.
La canciller, es considerada en Israel como una mujer íntegra y moderada, aunque no genera unanimidad en las filas de su partido.
Nacida el 8 de julio de 1958, madre de dos hijos, la ministra de Relaciones Exteriores trabajó para el Mossad, el servicio de inteligencia exterior israelí (1980-84), y ha tenido una carrera política meteórica desde que entró a la unicameral Knesset en 1999.
Cultivando su imagen de mujer íntegra, en un país donde en los últimos años se han multiplicado los casos de corrupción que implican a políticos, ella ha asegurado querer restaurar la confianza de los israelíes. «Quiero ser primera ministra, y actúo en consecuencia, para hacer correcciones y cambios (…) porque la opinión (pública) ya no confía en los políticos, y hay que restaurar esta confianza», declaró. A diferencia de Olmert, Livni nunca ha tenido problemas con la justicia.
Pero esta abogada de aspecto siempre impecable y catapultada a la cima de su partido por Ariel Sharon, fundador del Kadima, suscita desconfianza en el seno de su formación. «Temo por el futuro del Estado de Israel si Livni llega al poder. Es incapaz de tomar decisiones. Es influenciable y no tiene confianza en sí misma», declaró sobre ella Olmert, calificándola de «traidora» y «mentirosa».
La aversión entre Livni y Olmert salió a la luz en 2007, cuando se declaró a favor de la dimisión del primer ministro tras la publicación de un informe sobre los errores de la guerra de 2006 en Líbano contra Hezbolá.
Este asunto le costó graves reproches en el seno del Kadima, donde fue acusada de cobardía política por no haber dado el ejemplo dimitiendo ella misma del gobierno.
Su amistad con la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, despierta también las sospechas de los halcones del Kadima, que la consideran demasiado moderada en cuanto a la cuestión palestina. Junto a Rice, Livni se ha posicionado frecuentemente a favor de una mejora de las condiciones de vida de los palestinos en la Cisjordania, de la creación de un Estado Palestino, pero promoviendo la continuación de la lucha antiterrorista y el aislamiento del Hamas.
Livni nació políticamente en la cuna de la derecha nacionalista, donde tuvo que dejar de lado sus ideales para llegar a la cúpula del Kadima. Su padre Eytan Livni y su madre Sarah eran miembros del Irgun, una organización clandestina armada que luchaba contra el mandato británico en el siglo pasado, antes de formar el núcleo duro del Likud, el partido de derecha que lidera actualmente Netanyahu.
Dejó ese partido, por su posición ultranacionalista, para seguir a Sharon cuando este fundó el Kadima en noviembre de 2005 y preconizó la restitución de una parte de los territorios palestinos conquistados en junio de 1967.
Ella dirige hoy el equipo israelí en las negociaciones con los palestinos. Un proceso que hasta ahora no ha logrado grandes progresos. Sin embargo, el influyente analista del diario Haaretz, Akiva Eldar, reconoce el rol que está jugando, pero le reprocha que le falte el coraje político necesario para implementar sus ideas. Livni es un «tigre de papel» cuyas iniciativas son bloqueadas por Olmert, y esta parálisis de las negociaciones puede desembocar en una tercera guerra del Líbano o en una nueva Intifada, opina el experto.
Livni tiene buenas posibilidades de convertirse en la segunda mujer que presida el gobierno israelí tras la histórica Golda Meir (1969-1974). «Ahora la mayoría de los israelíes entienden que tener dos estados en los territorios que comprenden la Palestina histórica es un interés del país», afirma.
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