CONTRARREVOLUCION PERMANENTE
La guerra santa del islamismo radical no conoce matices. Para ella el mundo se divide de manera tajante entre fieles e infieles, y los segundos deben estar supeditados a la voluntad y autoridad de los primeros. Al igual que todas las ideologías autoritarias, el islamismo militante se basa en el odio implacable contra el diferente. El eslogan franquista ¡Viva la muerte! impresiona casi como una broma estudiantil en comparación con la educación de niños para que se inmolen para matar enemigos que es parte integral de la educación implantada por Hamas en la Franja de Gaza.
Sin duda, existen quienes minimizan el peligro, así como hubo quienes minimizaron el peligro nazi en la década de los treinta del siglo pasado.
A ellos solo cabe recomendarles que lean la prensa internacional de esta semana. Veamos algunos titulares : tres funcionarias de organizaciones de ayuda norteamericanas de Estados Unidos, Trinidad Tobago y Canadá fueron muertas en Afganistán ; 13 personas murieron en un ataque a un autobús en Pakistán ; una mujer suicida mató a dos personas en un convoy en la provincia de Diyala en Irak; En Xinquiang, China Occidental, tres oficiales de seguridad murieron en un atentado, el tercero en los últimos 9 días; en Trípoli, en el Líbano, una bomba en una parada de autobuses mató a 18 personas, de ellas 9 soldados y dejó unos 40 heridos; una mujer detenida en Afganistán, de gran preparación intelectual, graduada en el MIT de Estados Unidos, llevaba consigo mapas de objetivos en ese país que incluían la Estatua de la Libertad, Times Square y el sistema de ferrocarril subterráneo de Nueva York. Asimismo tenía consigo información sobre armas químicas, biológicas y radiológicas; en Dinamarca, se inició un juicio contra «jihadistas» que probaron un material altamente explosivo en un edificio de apartamentos en Copenhague.
Los acusados de origen afgano y pakistaní podrían permanecer hasta 16 años en prisión; en Bolonia, Italia, aguardan juicio cinco sospechosos de terrorismo que habrían enviado combatientes a Irak y Afganistán; en las Filipinas los combates desencadenados por el Frente Islámico Moro de Liberación desplazaron a 130.000 personas en el sur del país; en una prisión británica las autoridades descubrieron un complot de islamistas detenidos para secuestrar y decapitar a oficiales de la prisión.
La lista está lejos de ser completa. Además, el panorama es confuso. Hay una guerra santa (Jihad) sunnita, cuya expresión más militante es Al Qaeda y una jihad chiita cuya fuerza impulsora está en Irán y cuya expresión más visible es la organización político-militar «Hezbollah» que ha hecho trizas la soberanía del Líbano al que complicó en una guerra inútil con Israel dos años atrás.
A veces sunnitas y chiitas se enfrentan salvajemente como en Irak, otras colaboran como lo hace el régimen islamista chiita de Teherán que financia y arma a Hamas, vinculada a la organización sunnita extremista de los Hermanos Musulmanes. Pero el rasgo distintivo de todas las organizaciones islamistas es su intolerancia.
Un ejemplo típico es de los ahmadis en Indonesia. Se trata de una secta minoritaria del Islam, pacífica y tolerante, surgida a fines del siglo XIX.
Su fundador, Mirza Ghulam Ahmad (1835-1908), es considerado el último profeta del Islam por el grupo mayoritario de la secta que en 1914 se dividió en dos grupos. Para los islamistas fanáticos, los ahmadis son herejes ya que a su juicio nadie puede disputar que el único profeta válido en el Islam es Mahoma y han ejercido toda clase de presiones sobre el gobierno de Indonesia para que sus actividades sean prohibidas, además de organizar ataques violentos contra los ahmadis. El gobierno del general Susilo Bambang Yudhoyono, violando la tradición de tolerancia religiosa del país, dictó un decreto el 9 de junio de este año, limitando las actividades de los ahmadis y prohibiendo que hagan proselitismo. Pero esto no es suficiente para los militantes radicales.
Exigen la ilegalización total y la persecución de la secta.
Hay quienes creen que el islamismo radical es un fenómeno lejano y extraño que no nos atañe en la realidad latinoamericana. Lamentablemente están equivocados. Al Qaeda y Hezbollah están globalizados y en el mundo intercomunicado de hoy y tienen partidarios y células dormidas en los lugares más inesperados del planeta. También hay quienes creen en una presunta alianza táctica con el terrorismo violento o potencial en base a una común aversión a los Estados Unidos.
Ellos deberían recordar que también Adolfo Hitler era un consecuente antinorteamericano.
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