ISAF. "Están prestando ayuda a los insurgentes talibanes", denuncian en Kabul

General de la OTAN acusa a la inteligencia de Pakistán

El número de combatientes extranjeros, incluidos europeos, también está aumentando en el seno de la Fuerza de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF) de la OTAN, pero de forma insuficiente, según el general.

«Hay ciertamente un nivel de complicidad entre el ISI (agencia de inteligencia de Pakistán) y zonas militantes en Pakistán así como organizaciones como los talibanes», declara McKiernan, en sintonía con la postura del presidente afgano, Hamid Karzai, y otros dirigentes.

«No puedo decir hasta qué punto ejerce un liderazgo, pero hay indicaciones de complicidad por parte del ISI», que «está facilitando que estos grupos militantes salgan de las áreas tribales de Pakistán», precisa.

Karzai ha acusado directamente a los servicios de inteligencia paquistaníes de la violencia en Afganistán, casi diaria, algo que Islamabad rechaza de plano.

McKiernan, que asumió el mando de los 53.000 efectivos de la ISAF en junio después de liderar a las tropas estadounidenses en la invasión de Irak en 2003, subraya que el incremento de los ataques en Afganistán se debe en parte al hecho de que las fuerzas afganas e internacionales se han desplegado en nuevas áreas.

Los insurgentes, además, han cambiado su estrategia, operando en grupos más pequeños pero más activos.

Finalmente, McKiernan aduce que los santuarios militantes de Pakistán han tenido vía libre para crecer y enviar a nuevos combatientes a través de la porosa frontera.

Entre estos, hay hombres que no pertenecen a la tribu pashtun que habita a ambos lados de la frontera entre Pakistán y Afganistán y a la que pertenecen los talibanes, en el poder entre 1996 y 2001 en Kabul.

«Desgraciadamente, este año constatamos un número más elevado de no pashtunes, de combatientes no afganos», explica McKiernan.

«Proceden de una variedad de grupos étnicos: algunos de áreas de Pakistán, otros de zonas como Uzbekistán, Chechenia, Europa y países árabes», enumera.

Si las fronteras de Afganistán estuvieran controladas y dependieran de los afganos, la insurgencia podría zanjarse «más bien rápidamente».

«Pero cuando tienes un problema con fronteras porosas y combatientes con armas, recursos, comandancias, control y logística que entran a Afganistán», las cosas se complican, admite el general.

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