OPINION INTERNACIONAL

PRETEXTO DORADO

En un artículo particularmente lúcido publicado el 10 de julio pasado, el escritor israelí Yoram Kaniuk escribe en el diario «Yediot Ajaronot» que, desde su punto de vista, las amenazas nucleares de Irán contra Israel no son sino una pantalla para encubrir sus verdaderas intenciones: convertirse en la potencia hegemónica en la región. Kaniuk, un escritor veterano, con obra traducida a varios idiomas incluyendo el español, señala que «Irán fue una vez un gran imperio y quiere serlo nuevamente, heredando tanto al imperio persa como al musulmán. Su objetivo es apoderarse de los países del Golfo y de Siria y utilizar al Líbano como puerto para su petróleo».

Si hay algo que confirma esta hipótesis es la guerra mediática entre Arabia Saudita e Irán, que naturalmente obtiene menos titulares que la guerra de nervios entre Irán e Israel. Esto no quiere decir que el conflicto dejó de tener vigencia o protagonismo. No hay duda de que las quejas contra Israel siempre tendrán un lugar de privilegio, tanto en la propaganda árabe como iraní, porque constituyen un pretexto dorado para justificar los regímenes autoritarios, la corrupción y la ineficacia estatales, las desigualdades sociales, la falta de horizontes para los jóvenes, la tiranía de clérigos oscurantistas, la opresión de la mujer, la ausencia de libertad y la estrechez de horizontes culturales. Pero en la realidad, hay varios conflictos superpuestos que no tienen nada que ver con el conflicto palestino-israelí y cuya virulencia tiene en jaque no solo al Medio Oriente, sino al mundo entero. El primero es el enfrentamiento entre el islamismo radical y el Islam moderado, el segundo, la lucha entre la Shía y la Sunna, el tercero, el choque de los partidarios de la Jihad y los partidarios de la convivencia y la colaboración con el mundo no musulmán.

Del primer enfrentamiento hubo demasiados ejemplos sangrientos esta semana, como los ataques con bombas en la India o las matanzas perpetradas por mujeres suicidas en Irak. Del segundo enfrentamiento vale la pena citar un ejemplo sumamente dramático pero muy poco divulgado por la prensa internacional. El presidente del Yemen, Ali Abdullah Saleh, anunció el final de la ¡Quinta! Guerra con los houthi, un grupo tribal shiíta en el Norte. Según lo consigna el «Yemen Times» del 20 de julio pasado, en esta guerra que comenzó en junio de 2004, 20.000 niños perdieron a sus padres, 10.000 personas quedaron inválidas y hubo al menos 6000 muertos. Pero el final de la guerra no es aún una promesa de estabilidad. En un artículo netamente pesimista publicado en el «Daily Star» de Beirut el 28 de julio, el experto en el Medio Oriente norteamericano Jeremy M.Sharp comenta en estos términos la situación en el Yemen: «En los últimos seis meses, el tono en la prensa internacional sobre el Yemen se ha vuelto cada vez más apocalíptico. En el campo de la seguridad, el resurgimiento de Al Qaeda en el Yemen ha sido bien documentado por medio de una serie de descarados ataques, lo que llevó a los expertos de seguridad a la conclusión de que la nueva generación de militantes yemenitas será mucho más sangrienta que la de sus predecesores. Las especulaciones sobre un estado fracasado, con Yemen convirtiéndose en algo parecido a Somalia o Afganistán, se ha generalizado». El tercer ejemplo se plantea en formas distintas en Siria y en el Líbano. Ningún político ni occidental ni árabe tiene muy claro cuánta seriedad hay en las conversaciones indirectas entre Israel y Siria. Pero hay algo evidente para todos: que si tienen éxito la alianza de Damasco y Teherán habrá de debilitarse. El Líbano carece del margen de maniobra que tiene Siria. Si bien Siria es un socio privilegiado de Irán, no está sometido a su control. En cambio, una poderosa milicia controlada por Irán, convierte la soberanía libanesa en una broma. En el Líbano, la confrontación es tajante: el radicalismo chiita que agudiza una tensión artificial con Israel ya que no existe ningún conflicto real entre ambos países y un pacifismo realista. O para plantearlo en otros términos, es la confrontación entre la influencia iraní y la tradición francesa, que no ha muerto del todo en un país cuya capital fue en algún momento la París del Medio Oriente. El semanario británico»The Economist» realizó últimamente, con su sagacidad y precisión habituales, un extenso análisis de los avances y retrocesos del terrorismo islámico en el mundo. Todo indica que no será el último y que seguirán corriendo ríos de tinta sobre el tema. Nos guste o no, este tema continuará dominando la agenda política del siglo XXI por mucho tiempo.

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