EL LADO OSCURO
«The Dark Side» es el título en inglés de este volumen de 392 páginas, escrito por una especialista en temas de inteligencia y antiterrorismo de la revista The New Yorker. En síntesis, es «la historia interna sobre cómo la guerra contra el terrorismo se convirtió en guerra contra los ideales de Estados Unidos». En particular, por el uso sistemático y prolongado de las torturas más aberrantes en las cárceles de Guantánamo, de Abu Ghraib, de Afganistán, en las prisiones clandestinas en otros países. Un elemento fundamental para el análisis es un documentado informe de la Cruz Roja acerca de una serie de prisioneros, mencionados con nombre y apellido, que fueron sometidos al «waterboarding» (o sea el «submarino», que los uruguayos conocen muy bien desde la época de la dictadura). Esta técnica se aplicó contra cientos de personas, la mayor parte detenidos desde hace años sin cargos y sin la menor posibilidad de defensa en verdaderos campos de concentración. La autora señala que EEUU se convirtió en el primer país del mundo en justificar las violaciones de las Convenciones de Ginebra, firmadas tras la II guerra mundial y cuyo original está en custodia en el Departamento de Estado. En el informe respectivo, la Cruz Roja advierte que «el abuso constituye un crimen de guerra, colocando a los más altos responsables del Gobierno de Estados Unidos en situación de poder ser procesados». El documento fue entregado a la CIA, que lo trasmitió a la pareja Bush-Rice. Ya se puede imaginar el trato que le habrán dispensado.
Presumiblemente, el mismo que el gobierno de Uribe a la denuncia del Comité Internacional de la Cruz Roja en el sentido de que se había utilizado fraudulentamente su logotipo en el operativo del 2 de julio. De paso sea dicho, su ministro de Defensa Juan Manuel Santos acaba de revelar en Washington que en la misma instancia se usurpó asimismo el distintivo del canal noticioso Telesur.
Días pasados volvieron a primer plano las torturas practicadas en Guantánamo, en este caso contra el joven de origen canadiense Omar Khadr, en reclusión desde 2003, cuando contaba 15 años. Quedó probado que había sido sometido a un interrogatorio feroz durante siete horas, al cabo de las cuales clamaba: «¡Mátenme!», porque no podía aguantar más. Se recordará que la Corte Suprema de EEUU decidió el 12 de junio pasado, por 5 votos a 4, que los detenidos en Guantánamo tenían derecho a recurrir a la justicia federal, pero de hecho nada cambió (véase mi nota del 14 de junio «Guantánamo: juicio y torturas»).
Decíamos que el libro de Jane Mayer tenía antecedentes diversos, entre ellos el de Scott McClelan, el ex vocero de la Casa Blanca, que tantas veces habíamos visto en la pantalla de CNN sosteniendo las posiciones de gobierno, el cual demuestra pormenorizadamente cómo la guerra contra Irak se desató y se mantuvo acumulando una sobre otra una cantidad enorme de mentiras y falsedades. Cierto tiempo antes, el periodista Robert (Bob) Woodward dejó documentada para la posteridad, en su libro «Plan de Ataque», que comentamos oportunamente, la trama íntima de la invasión a Irak, en la que el gobierno de EEUU mintió descaradamente sobre las inexistentes armas de destrucción masiva.
A todo esto se han sumado las atrocidades cometidas al amparo de la Patriotic Act, con violación de la correspondencia y de la privacidad de ciudadanos norteamericanos de todas las esferas. Recientemente Juan Gelman se preguntaba si hay un millón de terroristas en Estados Unidos, dado que esa es la cifra de sospechosos que figura en las listas del Centro de detección de terroristas (TSC por sus siglas en inglés), que depende del FBI y es alimentado por la CIA y otros organismos de inteligencia. En la nota se reporta una serie de casos que serían cómicos si no fueran trágicos y afectaran la vida diaria y las posibilidades de desplazamiento de cientos de miles de ciudadanos. También aparece en la lista, registrado con tres nombres diferentes, el presidente boliviano Evo Morales, que fue retenido, a pesar de su investidura, en aeropuertos de EEUU. Es en medio de este clima que se desarrolla la campaña electoral para determinar el sucesor de Bush, cuyo nivel de aceptación está en el sótano.
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