¿Quién ganó la II Guerra Mundial?
Yana Marull – São Paulo, AFP
«Fue nombrado por Japón el nuevo presidente de Estados Unidos. El primer ministro de Inglaterra (Winston) Churchill desapareció. (Douglas) MacArthur se suicidó. El rumor de que Japón perdió la guerra vino de los judíos de Rio de Janeiro», era la interpretación del fin de la II Guerra Mundial divulgada en una radio clandestina de la comunidad japonesa de Brasil en setiembre de 1945.
Lo que parece un argumento de novela de ficción fue una realidad, hoy recopilada en el libro-reportaje «Coraçoes Sujos» que acaba de ser publicado y cuenta lo que muy pocos conocen: en Brasil una parte de la gigantesca comunidad japonesa se negó a reconocer que Japón perdió la guerra y creó una organización que sembró el terror para mantener la falacia de la victoria.
«Si el libro no estuviera bien documentado, podría decirse que es un delirio», declaró a la AFP el autor, Fernando Morais, periodista brasileño especializado en grandes reportajes que realizó una investigación de 3 años con minuciosas entrevistas a más de 100 emigrantes japoneses.
«Cómo aceptar la derrota si en 2.600 años el invencible Japón jamás había perdido una guerra»? fue la conclusión a la que llegó un grupo de emigrantes japoneses, completamente aislados de su país natal, que atribuyeron las informaciones de la derrota a la propaganda aliada y crearon la organización Shindo Renmei que llevó de cabeza a la Policía y a cuyos comandos de asesinos, los Tokkotai, se atribuye el asesinato de 23 japoneses y 150 heridos.
Shindo Renmei tuvo más de 100.000 socios contribuyentes, principalmente en el estado de São Paulo, donde se concentra la inmigración japonesa, y presupuesto calculado en 750.000 dólares mensuales aportados por la comunidad, que se destinaron a los planes asesinos y a la propaganda, según el autor.
Los «victoriosos» inundaron Brasil con falsificaciones de la prensa internacional, como la revista Life, atribuyendo las fotos de la rendición japonesa a una rendición estadounidense. Incluso abarrotaron el país de yenes falsos, depreciados hasta el límite en el resto del mundo pero que en Brasil, considerada la moneda de los vencedores, adquirieron gran valor acuñados por muchos japoneses que soñaban con volver a sus tierras.
Las autoridades brasileñas tardaron en descubrir lo que ocurría y del tamañó de la organización. Finalmente emprendieron una gran operación y entre 1946 y 1947 30.000 sospechosos fueron presos y 381 recibieron condenas. El clan terminó con la orden del presidente Euriko Dutra de deportar a los 80 dirigentes y presuntos asesinos, que nunca salieron de Brasil porque apelaron para cumplir condena en el país, hasta que en 1956 fueron amnistiados.
Unos 200.000 japoneses integraban durante la guerra la comunidad nipona de Brasil (en esa época en Estados Unidos eran unos 130.000) que se originó a principios de siglo con un acuerdo entre Brasil y Japón para importar mano de obra destinada a las haciendas cafetaleras brasileñas. Su llegada a Brasil no fue fácil, con contratos a precario en una tierra totalmente ajena, y tampoco la guerra, en la que el gobierno brasileño participó del lado aliado y adoptó medidas como prohibir las lenguas de los emigrantes del Eje (Alemania, Italia y Japón), confiscar sus bienes para sufragar los gastos de guerra y evacuar a los que vivían en el litoral para que no informaran de las rutas de los navíos brasileños.
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