AUDITORIA Y CONTROL

Jueves 10 de julio de 2008 | 1:49
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Aunque el gobierno de Fidel Castro en principio, y ahora el de su hermano Raúl, han intentado terminar con “la bolsa negra”, el mercado ilegal a que acuden los cubanos a diario, el objetivo ha resultado imposible de alcanzar en casi medio siglo.

No se trata de organizaciones mafiosas como en la antigua Europa del Este, sino de miles de personas que operan solas o en pequeños grupos y roban de almacenes y tiendas estatales, con la intención de complementar sus deprimidos salarios más que con el muy difícil propósito de enriquecimiento.

De ahí que un buen puesto laboral en Cuba no sea para muchos el de mejor salario, sino el que permita “resolver”, o sea, robar algún recurso o incluso servicio, para venderlo “por la izquierda” (en forma ilegal).

Se vende desde combustible, leche en polvo, carne, ropa y zapatos, equipos electrónicos y de computación, hasta servicios como taxi, agilización de trámites burocráticos y legalización de transacciones.

El mercado negro se incrementó con la crisis económica de los años 90 y se mantiene vigoroso actualmente pues la canasta básica a precios muy subsidiados que reciben los cubanos es insuficiente, y sus complementos hay que comprarlos en tiendas en divisas, con precios muy altos para el salario medio.

El gobierno creó el Ministerio de Auditoría y Control en 2001 para “prevenir, detectar y enfrentar actos de corrupción administrativa” y en 2007 comenzó a aplicar estrictos reglamentos laborales, que entre sus medidas sancionan a los trabajadores que roben o no sean responsables con el cuidado de los bienes de las empresas estatales.

También realiza operativos policiales, coloca GPS en camiones estatales y emplea.

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