Cumbre De la Rúa-Alvarez para enfrentar la crisis
Por Isidoro Gilbert
No fue un encuentro para la foto, como se dice cuando se quiere señalar que únicamente tiene valor mediático. Los dos líderes de lo que fue el binomio presidencial, quebrado cuando Alvarez renunció a la vicepresidencia al no encontrar en De la Rúa apoyo para su cruzada contra la corrupción entonces enquistada en el Senado Nacional, valoraron como oportunidad, acaso la última que tendrían para enfrentar la persistente recesión económica y el desempleo, el auxilio que Argentina logró del FMI junto a varios organismos financieros mundiales y locales y países como España por casi 40 mil millones de pesos, para evitar caer en cesación de pagos.
En rigor, el auxilio favorece a los acreedores porque cobrarán sus intereses de 2001, al menos. Pero en el oficialismo se supone que es un desahogo no tener que ir a buscar créditos para esos fines y poder dedicarse a instrumentar cómo hacer crecer la economía.
Se trata ahora de poder salir del estancamiento, podría ser el denominador común entre los dos dirigentes que no se miraban los ojos desde hace meses aunque no son infrecuentes los contactos telefónicos. En rigor, cada uno fue buscando el pretexto para el encuentro. Es que el presidente necesita de los legisladores del partido de Chacho, el Frepaso, para poder darle al oficialismo una base en la Cámara baja que equilibre la difícil relación de fuerzas en el Senado Nacional y Alvarez exhibirse como socio confiable de la coalición del gobierno y promotor de iniciativas y no sólo un crítico.
Los dos líderes coincidieron en que no es factible incorporar al ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, al gobierno, pero le pedirán que integre un organismo pluripartidario para elaborar, como política de Estado, la reforma tributaria.
Discrepancias sobre reforma jubilatoria
Además, el que viene es un año electoral porque se renueva la totalidad de la Cámara alta y la mitad de la baja y sin un cambio de la tendencia del mal humor popular, será difícil que la Alianza zafe de una derrota. El ex binomio coincide en que para ello, más que estrategias precipitadas deben conseguirse resultados en el aumento de la producción, el empleo; lograr que la política sea menor onerosa para el público (hay sueldos en provincias que cobran legisladores, concejales o funcionarios, más altos que en un país de Europa desarrollado), mejorar la asistencia a los más necesitados mientras sea tan alta como es actualmente, la desocupación.
Alvarez reveló que con De la Rúa no estuvo de acuerdo en la necesidad, al menos ahora, de reformar la legislación de la previsión social que pide el FMI. La idea es bajar en 200 dólares las remuneraciones desde un piso no muy elevado, y subir la edad del retiro de la mujer a los 65 años. Es una medida para asegurarle a los acreedores, que la Argentina, en el largo plazo, contará con fondos para afrontar los compromisos externos.
Pero el ministro de Economía José Luis Machinea ratificó que la norma debe ser aprobada: el único modo, por un decreto de necesidad y urgencia. Alvarez le preguntó al ministro si el FMI «reconoce la división de poderes». Es que por el Parlamento, ese proyecto no saldrá, según lo dijo el ex vicepresidente: su partido no lo votará al igual que los peronistas y no pocos legisladores del radicalismo.
Trataron sobre La Tablada
El ex binomio conversó también sobre la grave situación de los presos de La Tablada. El presidente vivió momentos de tensión en un popular programa de televisión cuando con las cámaras en el aire, el hijo de un integrante del Movimiento Todos por la Patria que murió en el copamiento del regimiento de ese nombre en 1989, le reclamó que dictara un indulto para los presos que cumplen casi 110 días de huelga de hambre.
La Corte Suprema rechazó un pedio del presidente para que abriera la segunda instancia judicial como reclama la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aduciendo que se trata de «cosa juzgada» antes de que el acuerdo de San José fuera incorporado a la carta magna. Una opinión discutible y una «mala noticia», la calificó el presidente, que lo coloca en la disyuntiva de tener que ser él quien encuentre el camino.
Indulto no quiere firmar, ni tampoco una conmutación de penas. Piensan en Presidencia en un decreto de necesidad y urgencia para reformar el sistema procesal, pero este es un camino constitucionalmente cuestionable y la Corte podría cerrarle nuevamente el camino. Los tiempos apuran. De la Rúa y Alvarez son conscientes de ello, tras el fracaso, además, que fuera el Parlamento quien aprobara la ley que abriera la apelación. El peronismo bloqueó el camino y de ese cuerpo ya nadie piensa que pueda venir la salida.
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