Rafael Correa

Con un casco de constructor y armado de un gran martillo, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, destruyó el viernes una celda de castigo en una de las cárceles de Ecuador, las cuales presentan problemas sanitarios y de hacinamiento. El mandatario visitó la prisión para hombres de la ciudad portuaria de Esmeraldas (noroeste y cerca de la frontera con Colombia), dentro de su plan de transformación de la cárceles, con capacidad para unas 6.500 personas y que albergan a 16.250 ­entre ellas unos 2.000 colombianos­, según la Dirección Nacional de Rehabilitación Social (DNRS). Con el martillo entre sus manos, Correa derrumbó las paredes del denominado «infiernillo», una pequeña celda de castigo del denominado Centro de Rehabilitación Social en la que ­de acuerdo con la subsecretaría de Comunicación­ se «torturaba» a los reos. El jefe de Estado anunció que derrocará las viejas prácticas para denigrar a los seres humanos que han delinquido.

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