DOS PRIMERAS DAMAS
Obama, de 44 años, es una abogada educada en Princeton y Harvard y criada en un barrio obrero del sur de Chicago. Es la hija de un plomero del Departamento de Servicio Público de la ciudad. Ella sería la primera dama afroamericana de Estados Unidos.
La esposa del senador demócrata no ha pasado desapercibida al reconocer que su marido no baja la basura por la noche, deja la bolsa de pan de sándwich abierta, ronca, por la mañana tiene mal aliento y tira la ropa interior sucia por el suelo del dormitorio. Sin embargo, estas declaraciones, lejos de perjudicar al candidato, lo han humanizado y las encuestas lo demostraron. La decidida Obama destila seguridad y es una experta oradora. Pero su afición por la franqueza también le ha generado algunas críticas, que sus rivales republicanos saben cómo sacarle partido.
Obama a menudo habla en la campaña electoral sobre ser una madre trabajadora. Recuerda que hasta hace poco, ella hacía malabares con un puesto como ejecutiva de un hospital, la crianza de dos hijas y el apoyo de las aspiraciones políticas de su marido de 46 años.
Luce trajes de chaqueta, cuellos altos y collares de perlas. Adora los zapatos de tacón de Jimmy Choo y la revista Vanity Fair la designó como una de las 10 mujeres mejor vestidas del mundo en 2007 y ostenta el puesto 58 en la lista de los 100 alumnos de Harvard más influyentes. Incluso ha sido denominada como la Jacqueline Kennedy negra.
Michelle conoció a Obama cuando trabajaba como abogada corporativa y es su más cercana asesora. Muchos ven su papel como menos orientado a la política y más enfocado al de una confidente que le proporciona un cable a tierra ante las duras presiones.
Cindy McCain, de 54 años, es la segunda esposa del senador de Arizona y ex prisionero en Vietnam. Es reservada, parca y parece mucho menos cómoda en el foco de atención cuando hace campaña junto a su esposo, quien es 18 años mayor que ella. Rubia y de ojos azules con cuatro hijos, McCain es una ex reina del rodeo y porrista que posee una maestría en educación especial de la Universidad de California. Ella creció en una familia adinerada en Phoenix y es la heredera de Hensley & Co, uno de los mayores distribuidores norteamericanos del gigante cercevero Anheuser-Busch. En 2006 ganó 6 millones de dólares, según su declaración de impuestos, y su patrimonio ronda en los 300 millones de dólares.
Cindy McCain, que muchos asocian con el tradicional modelo Barbie, posó para la última edición de la revista Vogue con jeans y se ha dejado fotografiar con gorro de beisbol.
La esposa del senador ha criado cuatro hijos, incluyendo a una, a quien adoptó del orfanato Madre Teresa en Bangladesh.
A finales de los años ochenta sufrió una adicción a los analgésicos. Su dependencia era tan fuerte que acabó robando cajas de pastillas de la ONG que ella misma había fundado. La familia McCain considera estos incidentes parte del pasado, pero como en todas las campañas electorales salieron a la luz. Obama también tiene sus historias de cuando trabajó para los hospitales de Chicago. El Departamento al que ella representaba negó la autorización para el tratamiento de un paciente que no tenía seguro médico y dejó que falleciera. Hoy estos hechos se debaten en Internet, en la dura campaña por la presidencia entre demócratas y republicanos.
A McCain la comparan con primeras damas más tradicionales como Nancy Reagan y Laura Bush. Mientras que a Obama entre las no tradicionales como Rosalynn Carter, esposa de Jimmy Carter, quien solía estar presente en las reuniones de gabinete, o a la propia Hillary Clinton, quien fue puesta a cargo de un grupo de especialistas en materia de atención médica por su esposo. Lo cierto es que en los últimos años las primeras damas han adquirido un papel muy activo en el gobierno de Estados Unidos, por lo que nadie deja de lado los detalles de los candidatas, una de las cuales será la elegida para acompañar al próximo presidente estadounidense.
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