OPINION INTERNACIONAL

BASES MILITARES

El destacado periodista venezolano José Vicente Rangel ­que fuera vicepresidente de la República­ escribía hace una semana: «Para enfrentar el proceso de cambio que se manifiesta en general en la región andina, y en general latinoamericana, el gobierno norteamericano ha estado trabajando en la creación de un polo que lo neutralice o contrarreste, integrado por Colombia y Perú. Ya hay acuerdos entre Alan García y Alvaro Uribe para implementar políticas militares de seguridad con el aparente propósito de luchar contra el narcotráfico y el terrorismo, pero que en el fondo corresponden a una visión geopolítica y estratégica de la región. La base militar de Manta que está en Ecuador va a ser trasladada a Perú, y ya en este país operan instructores y asesores norteamericanos, al igual que lo hacen en Colombia, en zonas de la frontera con Ecuador».

Tiene mucha importancia la referencia a la base de Manta, situada en el Pacífico ecuatoriano. El presidente Rafael Correa dijo, como un punto básico de su campaña electoral, que expulsará de allí a los militares norteamericanos el año próximo, cuando venza la concesión otorgada por anteriores gobiernos, y sin ninguna posibilidad de prórroga. Otro texto del mismo periodista insiste sobre el tema, en estos términos: «El gobierno peruano se coloca en la misma línea del colombiano. Es el subsatélite del satélite en la región. Por eso el almirante (Jim) Stavridis visitó Perú dos veces desde que asumió la jefatura del Comando Sur. Evalúa el traslado de la base de Manta de Ecuador a Perú». Desde esa base, Estados Unidos intervenía en el conflicto interno colombiano, por medio de aviones que sobrevolaban el territorio de Ecuador.

Pero EEUU tiene sus bases en el propio territorio colombiano, como la de Tres Esquinas, de gran tamaño y numeroso personal militar y de inteligencia. Además proyecta construir otra, contando con el visto bueno del gobierno de Uribe. La denuncia la formula Rangel en su columna periodística del 22 de junio: «Definitivamente, y habría que recordar que así lo planteó semanas atrás el embajador de EEUU en Colombia, William Bronfield, será instalada una base militar en la Guajira colombiana, en lugar muy próximo a la frontera venezolana (atención a ese dato). La base comenzará a funcionar próximamente. Se construyen pistas de aterrizaje, se desplazarán dos batallones del ejército hacia el lugar y se trasladará un escuadrón de helicópteros, así como aviones hawar (aviones espías)». Termina preguntando: «¿Cómo interpretar este paso del gobierno colombiano? ¿Se trata de una nueva e insensata provocación?»

Hay otras bases a proximidad de esta conflictiva región, como la establecida en la isla holandesa de Curaçâo. Estados Unidos tiene el ojo sobre ellas. Véase el siguiente cable: «El gobierno de Holanda rechazó una solicitud del gobierno norteamericano para reforzar con tropas especiales la base militar que tiene en Curaçâo. Sólo acepta participar en la actividad contra el narcotráfico y considera que cualquier actividad que implique amenaza contra Venezuela es inaceptable». Recuérdese que el 17 de mayo pasado, un avión espía estadounidense violó el espacio aéreo venezolano sobre la isla de Orchila y luego voló precisamente rumbo a Curaçâo. En el caso, el gobierno de EEUU pidió excusas, alegando que se trató de un error de navegación.

Otro hecho relacionado con los armamentos tiene por protagonista al vicepresidente colombiano Francisco Santos. Este viajó días pasados a Moscú para ofrecer oportunidades de inversión y promesas de compra de equipos militares, solicitando en compensación, que Rusia restringiera la venta de equipamiento militar y de repuestos a Venezuela. Le respondieron que se olvidara de que Venezuela, con la que mantienen excelentes relaciones, fuera excluida por ellos.

En este entorno están planteados problemas de soberanía. En la reciente reunión de la OEA en Medellín, el canciller colombiano Fernando Araújo planteó redefinir el concepto de soberanía, no en base a la territorialidad sino a lo que llamó «el carácter transnacional del terrorismo». En su concepto, cuando un país considere, sin consultar a nadie, que en otro hay indicios de la existencia de grupos terroristas, puede atacarlo, como sucedió con la agresión colombiana a Ecuador. Un comentario adjunto señala que «sólo la política de un guerrerista como Bush, copiada por Uribe, se plantea agredir a un país por simples sospechas».

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