BIOCOMBUSTIBLES Y ALIMENTOS
El mandatario brasileño calificó de «cortina de humo» los intentos de asociar el alza de los precios y la falta de alimentos con la producción de etanol, al tiempo que cuestionó el comportamiento de los grandes productores mundiales de energías no renovables. «Veo con indignación que muchos índices apuntados contra la energía limpia de los biocombustibles están sucios de petróleo y de carbón», manifestó. En su concepto, la suba de los precios de los alimentos se debe a la combinación de factores tales como el aumento de los precios del petróleo (que en poco tiempo pasó de 30 a 130 dólares el barril), la especulación financiera, la cotización del dólar, el aumento del consumo en los países en desarrollo asociado al descenso de los stocks mundiales de alimentos, y a las políticas agrícolas proteccionistas de los países ricos. «No nos engañemos: no habrá una solución estructural para el hambre en el mundo si no somos capaces de dirigir recursos para la producción de alimentos en los países pobres y, simultáneamente, eliminar las prácticas comerciales desleales que caracterizan al comercio agrícola y que atrofian y desorganizan la producción agrícola de esos países», señaló. Entre los 40 jefes de Estado y de gobierno presentes en Roma había numerosos europeos que otorgan enormes subsidios a la producción y comercialización agrícola.
En ese sentido, llamó a la comunidad internacional a tomar medidas «viables y audaces» para impedir que unos 100 millones de personas más en Africa, Asia y América Latina ingresen al umbral de la desnutrición, como estima la ONU, con todas sus consecuencias sociales.
Para rebatir la afirmación de que en Brasil la producción de biocombustibles está avanzando en áreas destinadas tradicionalmente a los alimentos, Lula citó datos del Departamento de Agricultura de EEUU sobre la producción de etanol en Brasil. El país posee 340 millones de hectáreas de tierras agrícolas: 200 millones son pasturas y 63 millones de tierras laborables. De las últimas, 7 millones están ocupadas por la caña de azúcar; y de éstas, 3,6 millones se destinan a la producción de etanol. O sea: toda la caña de azúcar de Brasil ocupa 2% de su área agrícola, y todo su etanol se produce en apenas el 1% de esa misma área.
El argumento de que los cañaverales brasileros están invadiendo la Amazonia también fue refutado, mostrando que la producción de caña se localiza en regiones muy distantes de la Floresta Amazónica. La región Norte, donde ésta se ubica, tiene apenas dos mil hectáreas plantadas con caña, o sea el 0,3% del área total de los cañaverales del país. En otras palabras, el 99,7% de la caña de azúcar está por lo menos a dos mil kilómetros de la Floresta Amazónica. La distancia entre las plantaciones de caña y la Amazonia es la misma que existe entre el Vaticano y el Kremlin, afirmó el presidente. Otro aspecto relevante del tema se refiere a la protección del medio ambiente. Lula destacó los beneficios medioambientales proporcionados por los biocombustibles. Un vehículo movido a gasolina emite ocho veces más gas carbónico que el mismo modelo impulsado con etanol. En el caso del biodiesel, si se le compara con el diesel, el resultado es que un camión movido con combustible fósil emite 5,3 veces más dióxido de carbono comparado con el que emplea biodiesel. Hay además beneficios suplementarios. Las plantas utilizadas en la producción de biocombustibles durante su fase de crecimiento son también responsables de la absorción de gran cantidad de dióxido de carbono, CO2. El etanol no es sólo un combustible limpio, sino que también contribuye a limpiar el planeta durante el proceso de su producción.
Al final el presidente expresó su confianza en la capacidad de la humanidad de enfrentar esos nuevos desafíos.
«La solución no está en el proteccionismo o en el intento de frenar la demanda, sino en aumentar la oferta de alimentos, abrir mercados y eliminar los subsidios de modo a atender la demanda creciente. Para eso concluyó, es necesario un cambio radical en las formas de pensar y de actuar».
Los cables sintetizan esta alocución diciendo que Lula defendió «una revolución dorada basada en los biocombustibles y la eliminación de los subsidios, que combinan tierra, sol y tecnología de punta para crear un concepto nuevo de seguridad para un mundo en el cual no sólo la energía sino también las ideologías sean renovables».
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