La visita de Juan Pablo II a Medio Oriente podría perjudicar negociación

"Gran malestar" israelí por el acuerdo entre OLP y Vaticano

Así lo dio a entender ayer claramente el secretario general del Ministerio israelí de Exteriores, Eytan Ben Tsur, al presentar al nuncio apostólico en Israel, Pietro Sambi, los motivos del «gran malestar» del gobierno de Tel Aviv por el acuerdo firmado el martes, a cinco semanas del anunciado y esperado viaje papal a Tierra Santa.

«Israel ve en la visita del Papa una importante misión histórica de la que espera un mensaje de paz y pacificación, no una toma de posición que perjudique las negociaciones en curso», afirmó un comunicado del Ministerio israelí de Exteriores.

Según los observadores, la nota de Israel al Nuncio es un aviso para que éste deje claro al Vaticano que Juan Pablo II no será bienvenido en Israel si va a este país con la intención de inmiscuirse en sus negociaciones con Yaser Arafat, mediante declaraciones a favor de los palestinos sobre el estatus futuro de Jerusalén.

En la nota difundida por el ministerio israelí, Tel Aviv también manifestó su animadversión hacia «el infeliz momento elegido para la firma de un acuerdo» que, según explicó el comunicado, «aparece en contraste con el concluido entre Israel y el Vaticano».

«Por tanto, en los próximos días, Israel llevará a cabo una verificación de compatibilidad en materia», agregó la nota.

Los israelíes consideran a dicha ciudad –santa para las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e Islam– la capital indivisible de su Estado y quieren conservar intacta su soberanía sobre la misma.

«Es mi deber escuchar porque un documento puede estar sujeto a diferentes interpretaciones, si bien no contiene referencias a temas político-territoriales de Jerusalén sino sólo a cuestiones religiosas que afectan a la ciudad sagrada para los monoteísmos», aclaró por su parte el nuncio tras haber mantenido una reunión de una hora con Ben Tsur que definió como «positiva».

El nuncio fue convocado por el ministerio israelí de Exteriores porque por lo que respecta a Jerusalén, Israel considera el acuerdo firmado ayer en el Vaticano por el Papa y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, como «una injerencia en las negociaciones con los palestinos».

El documento, sin embargo, reitera la posición oficial mantenida desde siempre por el Vaticano y también por resoluciones y declaraciones de la ONU.

En el acuerdo se afirma la esperanza de un «estatuto especial» con «garantías internacionales» para la ciudad que Israel considera como su «capital eterna e indivisible» y donde los palestinos piden poder establecer –en la parte este, que es la ocupado por la población árabe– la capital de su futuro Estado independiente.

El documento regula la presencia de la Iglesia Católica en los territorios administrados por la ANP y apunta a ser «un fundamento sólido y duradero para el desarrollo continuo de sus relaciones».

Israel también rechazó en un comunicado «las críticas que emergen del documento sobre la libertad de conciencia y culto en Jerusalén y sobre la libertad de acceso a los lugares santos».

El comunicado israelí precisó que «en el pasado, estos principios jamás fueron respetados en la Ciudad Santa como son respetados y practicados concretamente bajo soberanía israelí».

Para Israel, hablar de un estatuto internacional para Jerusalén significa poner en entredicho la anexión de la parte árabe de la ciudad, realizada en 1967, al final de la guerra de los seis días y nunca reconocida por la comunidad internacional, pese a los constantes esfuerzos de la diplomacia de Tel Aviv.

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