Lugo presidente. La victoria del pueblo paraguayo recorre el mundo

Paraguay en el cambio de época

Más de una vez citamos la afirmación de Rafael Correa al asumir la presidencia de Ecuador en el sentido de que América Latina vive no una época de cambios, sino un cambio de época. La elección de Lugo brinda al respecto una nueva confirmación. De ello se hizo eco Marcos Ana, un referente ético y político, en su visita a nuestro país.

En la elección, que marca un hito en la historia de Paraguay, el pueblo votó por un cambio. Esa es la «palabra mágica» que el presidente electo encontró a lo extenso de su campaña electoral. Llegaron a su término 61 años de gobierno incompartido del Partido Colorado, que era el dueño absoluto de todos los resortes del poder. Como sucedía con los partidos tradicionales en Uruguay hasta que llegó el Frente Amplio, o con Acción Democrática y el Copei en Venezuela hasta que llegó la revolución bolivariana. No son los únicos ejemplos.

La mención del Frente Amplio no es casual. Después de recibir la felicitación de Tabaré Vázquez, el ex sacerdote declaró: «Tengo una sintonía absoluta con mi querido amigo el presidente Tabaré, con el que compartimos la misma idea de fortalecer la unidad continental y, especialmente, la integración regional. Existe una gran coincidencia entre la Alianza Patriótica por el Cambio (APC) y el Frente Amplio, salvando las distancias. Nuestra gran inspiración en este proceso fue precisamente la experiencia uruguaya, la experiencia del Frente Amplio».

En el caso paraguayo, se congregaron en la APC un conjunto de 9 agrupaciones políticas y una veintena de organizaciones sociales, entre ellas las de origen sindical, campesino e indígena. El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) prestó el conjunto de su aparato en todo el país. Probablemente logre la mayor representación en el Senado, la Cámara de Diputados y las gobernaciones. Junto a éste se coaligaron numerosos grupos de izquierda, entre ellos el Movimiento Popular Tekojojá (que en guaraní significa: vida compartida), al que pertenece Lugo, que podría tener como representantes en el Senado a un líder campesino, Sixto Pereira, y a una líder indígena, Margarita Mbyvângi; elige además un diputado en el Departamento Central y otro en Concepción y dos representantes en el Parlasur. Se conformaron además otros grupos políticos, como el P-MAS (Movimiento al Socialismo), el Partido Democrático Progresista (PDP) y la Alianza Patriótica Socialista (APS). Esta última cuenta con varios agrupamientos y constituye uno de los primeros intentos de unificación de la izquierda paraguaya.

En la nueva situación creada los movimientos sociales, en toda su diversidad, han adquirido una posibilidad inédita de desplegar y acrecentar sus fuerzas, y la ciudadanía sintió el poder de su voto, todo lo cual está preñado de consecuencias para el desarrollo futuro del movimiento político y social paraguayo. Contribuyó además a aventar (o a reducir) las maniobras de fraude electoral, que estaban preparadas en gran escala.

La otra conclusión es la vigencia en nuestro continente de la Teología de la Liberación, que viene desde el Concilio Vaticano II y el Congreso Eucarístico de Medellín en 1968, que según se dijo «no ha sido derrotada por el feroz wojtylismo de los años 80″, y que tomó cuerpo en este ex obispo de San Pedro de Ycuamandyu, caracterizado por su «opción preferencial por los pobres».

En el nuevo panorama que amanece en América Latina surgen gobernantes que encarnan a sectores antes excluidos de las máximas responsabilidades políticas, junto a representantes de otros sectores sociales.

Tenemos en la presidencia, llevados por millones de votos ciudadanos, a un tornero metalúrgico a un dirigente indígena, junto a un militar, a médicos y un economista.

Como decía alborozado el presidente Chávez hace unos días, ahora tenemos además a un cura para completar el cuadro.

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