REFLEXIONES DEL COMPAÑERO

NUESTRO ESPIRITU DE SACRIFICIO Y EL CHANTAJE DEL IMPERIO

«La Paz, 22 de abril.– Una Comisión de Diputados investigará el caso de una becaria boliviana muerta en Cuba, cuyo cadáver fue repatriado sin varios de los órganos vitales, entre ellos el cerebro.»

«El Presidente de la Comisión de Política Social de la Cámara, Guillermo Mendoza, anunció que pedirá a la Cancillería todos los antecedentes del caso, según la agencia católica de noticias Fides.

«Los parientes de Beatriz Porco Calle, quien estudiaba en Cuba como becaria, denunciaron que el cadáver fue entregado por funcionarios de la Embajada cubana sin ojos, lengua, dientes ni sus otros órganos vitales, entre ellos el cerebro, sin explicación alguna.

«El diputado Mendoza dijo que se hará ‘una exhaustiva revisión’ de la legislación cubana sobre transplantes de órganos y los compromisos que firman los becarios bolivianos cuando viajan a Cuba.»

Para cualquier observador de las realidades, no hacía falta mucho más. Todo se podía deducir sobre lo ocurrido.

A pesar de eso, indago sobre los trámites formales, solicito detalles y precisión para responder este supuesto e inhumano despojo de un cadáver.

La joven estudiante Beatriz Porco Calle, de 22 años de edad, a la que se refiere el cable, portaba pasaporte número 5968246; procedía del departamento de Oruro, provincia de Samara, municipio de Curahuara de Carangas, comunidad rural de Toypicollana, de procedencia indígena y religión cristiana adventista. Cursaba satisfactoriamente el segundo año de la carrera médica, en la Facultad «Miguel Sandarán Corzo», de Matanzas.

Pierde bruscamente la conciencia el 6 de marzo en el baño de su dormitorio. Médicos y profesores deciden trasladarla de inmediato al Hospital Provincial. En el examen físico no surgen elementos que permitan explicar las causas, tampoco en los análisis de laboratorio y otros medios, incluida la tomografía axial computarizada. Se recupera bien y se le da de alta. Cefaleas y mareos se presentan breve tiempo después. Nuevas investigaciones médicas. Se siente estresada. Se aplican los medicamentos adecuados para tales situaciones. El 23 de marzo, a las 19 y 30 hs, nuevas pérdidas de conciencia. De nuevo al sistema de urgencia acompañada por un profesor; cuidados intensivos, donde se diagnostica lo que se conoce, antes de fallecer, como muerte cerebral.

Se notifica al Ministerio del Exterior y al Embajador de Bolivia, los cuales preparan documentación para viajar en caso de fallecimiento, lo que ocurre casi una semana después, el día 28.

Es remitida al Instituto Nacional de Medicina Legal, que está obligado a realizar la necropsia para conocer las causas de la muerte. Se cumplen con rigor los trámites pertinentes. El novio de la estudiante y otros compañeros suyos recogieron pertenencias y sellaron equipajes. En la facultad, misa el 31 de marzo. Diagnóstico textual del Instituto: «muerte por hipertensión endocraneana, enfermedad cerebrovascular hemorrágica por malformación vascular meníngea cerebelosa congénita». Era inevitable en ese caso la extracción del bloque visceral y toma de muestras pertinentes.

Una profesora de la Facultad acompañó el cadáver a Bolivia hasta entregarlo a familiares. La Misión Médica cubana asumió los gastos de traslado a su lugar de origen y funerales.

Es duro escribir sobre esto. Más duro aún leer los cables que transmiten por el mundo la idea de un cadáver despojado de sus órganos, que obligan a Cuba a ofrecer estas explicaciones.

Es bien claro lo ocurrido. El imperio necesita contrarrestar verdades de Cuba que no soporta. Intriga y alienta a familiares para reclamar indemnización; asigna la tarea, como se aprecia en uno de los cables, y lanzan por el mundo la repugnante mentira a través de un parlamentario y la agencia Fides de noticias. De ahí, a la máquina demoledora de sus medios y técnicas mediáticas.

En nuestro propio país –no vacilo en afirmarlo– hay personas insensibles, de escasos conocimientos sobre realidades, que con respuestas rápidas e impensadas afirmarán: «no debemos ayudar a Bolivia». Jamás comprenderán que, tanto en la política como en la revolución, la alternativa de una estrategia errónea o equivocada es la derrota.

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