OPINION INTERNACIONAL

PARAGUAY VOTO POR EL CAMBIO

Se puso fin a 61 años de gobierno incompartido del Partido Colorado, 35 de ellos bajo la dictadura de Stroessner. Nace un nuevo tiempo para uno de los pueblos más sufridos del continente, el que padeció la infamia de la Triple Alianza y de la guerra del Chaco, en que la sangre de los paraguayos se derramó para dirimir el reparto de ganancias entre las petroleras explotadoras Standard Oil y Royal Dutch. Paraguay entra al siglo XXI.

Blanca Ovelar, la candidata de la fracción del Partido Colorado afín al presidente Nicanor Duarte Frutos, tardó en reconocer su derrota. Hablaba de empate técnico, hasta que las cifras barrieron sus expectativas.

El resultado proclamado oficialmente, con 92% de las actas escrutadas, es el siguiente: Lugo 40,83%; Blanca Ovelar 30,71%; Lino Oviedo 21,98%; Pedro Fadul 2,3%. Hay votaciones mínimas para Sergio Martínez del Partido Humanista (0,32%), Horacio Galeano de País Nuevo (0,16%) y Julio López del PT (0,14%), más votos nulos y en blanco.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), Rafael Dendia, y su vicepresidente, el colorado Juan Manuel Morales, felicitaron a Lugo, que llega a la presidencia teniendo como vice a Federico Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el cual prestó toda su estructura para la coalición. Morales declaró que Lugo obtuvo la victoria con «error cero». El proceso fue inobjetable por los cuatro costados, avalado por un conjunto de observadores internacionales, parlamentarios, representantes de organismos electorales y de organizaciones de diverso tipo, también de Uruguay.

Todos, incluyendo los candidatos y el presidente, coincidieron en que se vivió una jornada cívica insuperable. Lugo dijo que fue una expresión genuina del pueblo paraguayo y mencionó el «comportamiento ejemplar de la inmensa mayoría de los ciudadanos». La participación superó el 65%, mayor que en la elección anterior.

El presidente electo recibió el apoyo de una amplia coalición que incluye 9 agrupaciones políticas y una veintena de grupos sociales, sindicales, indígenas y de campesinos, con fuerte gravitación y motivados, en particular, por el tema de la reforma agraria, de ubicación prioritaria en el programa de la APC.

Su triunfo es el fruto de la unión de las corrientes múltiples que confluyeron en la candidatura y en el programa de cambios.

En los festejos de la noche del domingo en Asunción y otras ciudades (y también en Buenos Aires, frente al Obelisco) flameaban las banderas en un arco iris multicolor. Paraguay entra en el nuevo cauce abierto por las fuerzas progresistas y de izquierda que llegaron al gobierno en la mayoría de los países de América del Sur. Por otro lado, confirma la vitalidad de la doctrina originaria de la Teología de Liberación, de la cual proviene el antiguo obispo de San Pedro, que además trabajó en Ecuador junto a monseñor Leónidas Proaño.

Las dificultades del nuevo gobierno (que asumirá el 15 de agosto) no serán pocas.

En primer lugar, porque tendrá minoría en los demás órganos que se eligieron el domingo, a saber: 80 diputados, 45 senadores (entre los que se contará el actual presidente Duarte, primer titular en la lista oficialista), 17 gobernadores, 214 concejales departamentales y 18 diputados del Parlasur.

En segundo lugar, porque el Partido Colorado está dispuesto a emprender desde el primer día una batalla «para que muy pronto el coloradismo regrese al poder», como dijo esa noche el presidente Duarte y lo refrendó su candidata.

Este partido está fracturado. Por un lado, salió el sector encabezado por Luis Castiglioni, que disputó la candidatura presidencial con la ministra de Educación, y perdió. Por otro, el general Lino Oviedo formó su propio agrupamiento, la Unión Nacional de Colorados Éticos (UNACE), al margen del P. Colorado. Contra él no se ahorraron calificativos. Ovelar lo trató de traidor, Duarte de verdugo y oportunista que disparó contra su propia tropa.

Lugo declaró que Paraguay deberá recuperar su lugar en el mundo y ser conocido, ya no por la corrupción y la pobreza, nunca más por el clientelismo y el prebendarismo, sino por la honestidad y la eficiencia. Se ha dado un paso de madurez impresionante en la consolidación de su democracia.

Debemos estar ­dijo­ alertas, atentos y alegres, porque se está escribiendo una página nueva en la historia del Paraguay, que tiene derecho a mejores horizontes. Formuló un llamado a la unidad y al respeto de la diversidad.

Se dirigió a las organizaciones internacionales y nacionales, en aras de una integración real de la nación a la región, al continente y al mundo.

El domingo por la noche, Asunción y todo Paraguay era una fiesta. América Latina comparte su regocijo.

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