CONDOLEEZZA VISITA BAGDAD
La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, saludó el domingo los progreso del poder iraquí hacia la reconciliación nacional en una visita sorpresa a Bagdad, al día siguiente de la amenaza de «guerra abierta» proferida por el clérigo radical Moqdata Sadr.
Rice efectuó esta escala en Irak antes de asistir el martes a una conferencia internacional de países vecinos de Irak en Kuwait, donde pedirá a los países árabes sunitas que apoyen al gobierno chiita de Bagdad.
«Nunca los sunitas, los responsables kurdos y los chiitas que no tienen vínculos con los ‘grupos especiales’ han trabajado tan bien juntos», aseguró Rice.
Los responsables estadounidenses califican como «grupos especiales» a los extremistas chiitas que Washington considera financiados y entrenados por Irán.
Estados Unidos calcula que una movilización árabe más fuerte en favor de Irak, en particular de Arabia Saudita, sería un contrapeso eficaz a la influencia de Teherán, cada vez más importante tras la caída del régimen de Saddam Hussein, en abril de 2003.
En una etapa en Irlanda de camino hacia Oriente Medio, la jefa de la diplomacia estadounidense hizo un llamamiento a los países árabes para que hagan frente a «sus obligaciones» con su vecino Irak, especialmente para que reabran sus embajadas en Bagdad.
Kuwait anunció este mismo domingo la reapertura de su embajada en Bagdad.
Rice se reunió con el primer ministro Nur Al Maliki y con el presidente Jalal Talabani.
Afuera de la Zona Verde, el enclave fortificado en el centro de Bagdad donde se encuentra la sede del gobierno iraquí y la embajada de Estados Unidos, las explosiones fueron regulares mientras Rice conversaba con los líderes iraquíes.
En el sur de la capital, al menos 40 milicianos chiitas murieron en combates con fuerzas iraquíes y estadounidenses, informaron fuentes militares.
La visita sorpresa de Rice se produjo después de que el líder radical chiita Moqtada Sadr prometiera el sábado una «guerra abierta» si no cesaban los ataques de las tropas iraquíes y estadounidenses a sus militantes en Bagdad y el sur del país.
El ejército estadounidense en Irak respondió al anuncio alegando que podía frenar una ofensiva de la milicia sadrista, el ejército de Mahdi, que cuenta con unos 60.000 combatientes. «Si Sadr y (el ejército del Mahdi) se convierten en muy agresivos, tenemos suficiente potencia de fuego para presentar combate ante el enemigo», dijo el general Rick Lynch, comandante de las fuerzas estadounidenses.
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