Escrito por: Egon Friedler
De acuerdo a su versión, Nujood fue a un juzgado de Sana’a, la capital del país y exigió al juez que le conceda el divorcio de su esposo de 30 años, que abusó de ella física y sexualmente durante dos meses. Asimismo denunció a su padre, que la casó contra su voluntad. El juez Mohammed Al Qadhi expresó comprensión por su reclamo y ordenó que tanto el esposo como el padre sean encarcelados. El padre estuvo pocas horas en prisión porque fue liberado por problemas de salud.
Sin embargo, ni el esposo ni el padre cometieron ningún crimen de acuerdo a la ley yemenita. El encierro por cuatro días del marido solo fue ordenado por el juez para que Nujood esté a salvo, antes de ser enviada a la casa de su tío, quien la apoya plenamente en su demanda de divorcio. El diario yemenita en su edición del 13 de abril dice que Nujood permanece en la casa de su tío hasta que sea enviada a un centro de atención infantil.
El esposo, Faez Ali Thamer, por su parte, no solo que no se mostró arrepentido, sino que expresó su indignación por la actitud del juez y rechazó el divorcio. “Yo no voy a divorciarme. Es mi derecho quedarme con ella. No tengo porqué acostarme con ella, pero tengo derecho a tenerla como esposa. Nadie me lo puede impedir. No se trata de amarla. Yo no la amo en absoluto. Pero se trata de poner en su lugar al tío y al juez que no tiene ningún derecho a enviarme a prisión. ¿Qué derecho tiene ella a quejarse de mí?”.
La abogada Shatha Mohammed Nasser, que ha tomado a su cargo la defensa de Nujood, teme que el marido no sea castigado porque de acuerdo a la costumbre y las leyes yemenitas no cometió ningún acto delictivo.
Nujood proviene de una familia pobre y fracasada. También tiene una hermana de seis años que podría correr su misma suerte si no un destino peor. Nasser espera que las dos niñas sean rescatadas de alguna manera y enviadas al exterior donde podrían encontrar un medio propicio para crecer en condiciones normales.
Si bien el caso de Nujood es considerado el primero en el que una menor denuncia a su padre por casarla a una edad muy temprana, hay muchos casos similares de niñas yemenitas.
Según Naseem Ur Rahman, jefe de información de Unicef en Sana’a los “casamientos de niñas” constituyen uno “de los mayores desafíos para el desarrollo del Yemen”. Ello, a su juicio, se debe a que “Ningún grupo ha abandonado la práctica”.
Un estudio de 2006 reveló que un 51,1% de las niñas yemenitas se casan a temprana edad, mientras solo un 6,7% de los varones corren una suerte similar. Para Rashida al Hamadani, presidenta del Comité Nacional de Mujeres “esta práctica no solo que no es islámica, sino que es inhumana ya que somete a nuestras niñas a experiencias terribles. Debemos continuar luchando por un futuro mejor para nuestras hijas”.
Sin embargo, una iniciativa de su Comité, que obtuvo el apoyo de 61 parlamentarios para declarar ilegales los matrimonios forzados con menores y fijar una edad mínima de 18 años para el matrimonio tanto para hombres como para mujeres, fue rechazada. El Comité de Evaluación y Jurisprudencia del Parlamento que tramita las leyes, sostuvo que de acuerdo a su interpretación del Islam no hay motivos justificados para imponer una legislación de esa clase.
Pero Yemen no solo detenta el liderazgo mundial en materia de casamientos forzados de niñas, también lleva la delantera en un tipo muy especial de turismo con alto riesgo de secuestro.
Los partidarios del turismo aventura, especialmente los más masoquistas, tienen una buena chance de convertirse en rehenes de grupos tribales si se les ocurre salir de las ciudades principales y pasear por el país. Las tribus han convertido el secuestro de turistas en una útil herramienta para reclamar servicios del gobierno desde la pavimentación de caminos a la construcción de escuelas. Las agencias de turismo extranjeras, después de muchos nervios y frustraciones, llegaron a la conclusión de que es mejor negociar la liberación de los turistas cautivos con los líderes tribales, en lugar de tratar con el gobierno. Generalmente estas historias terminaban bien, sin otro daño que unos gastos extra para los turistas.
El único problema serio que podría presentarse a los visitantes es que en lugar de ser secuestrados los grupos tribales caigan en manos de la competencia: Al Qaeda. En esos casos no está garantida ni la integridad física ni el retorno a casa.
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