Privatización de Pemex. Protestas contra la reforma del gobierno

Se mantiene firme el cerco de las adelitas

Nada más que, como se dijo el domingo en el Zócalo, no se han confiado y miles de ciudadanos, primero al mediodía, y luego por la noche, reforzaron el cerco a la Cámara de Senadores.

Sólo para el relevo de las adelitas ­ayer sí, de trenzas, vestidos de raso y terciadas sus réplicas de 30-30­ se convocó a 27 de las 41 brigadas de hombres en defensa del petróleo.

Así que en las calles que rodean al antiguo edificio de Xicoténcatl durmieron 13 mil 500 personas, con el mismo propósito de impedir la entrega de los hidrocarburos a trasnacionales.

Igual que cuando se inició la resistencia, en el Centro Histórico de la ciudad de México la movilización femenil contribuyó a que no se realizara, en el recinto parlamentario, la sesión ordinaria. Y en ese rumbo, la resistencia se quedará, como se anunció, al menos hasta el viernes por la mañana. La próxima semana se reanudará el cerco hasta que termine el período de sesiones.

Pero aquí los días que sean necesarios no es lo relevante. Lo que importa es evitar que PAN y PRI aprueben las iniciativas de Calderón y que, como se corre la idea de voz en voz, los beneficiarios sean los negocios del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

La brigada 11 fue prolífica en detalles sobre los contratos que desde la Secretaría de Energía y luego ya en Los Pinos Calderón cedió a la trasnacional española Repsol. Avanzada la tarde e inminente la lluvia, una mujer tomó un megáfono y describió lo que ella sabe al respecto: «Repsol es el intermediario para el gas de Perú, pero a trasmano la familia de Mouriño es la beneficiaria». Así que, como se vio y escuchó ayer en las calles de Tacuba, Filomeno Mata, Allende, República de Cuba y Donceles, en la memoria de la clase trabajadora, cuya opinión se quiere desdeñar en el debate sobre el petróleo, no se olvida que Mouriño ha sido beneficiado por la empresa que ahora se quiere privatizar.

Por eso ahora el nuevo corrido de la resistencia, con la música de la Adelita, se cantó una y otra y otra vez: «Y si el petróleo se fuera con Mouriño/ lo seguiría por tierra y por mar…»

El ingenio y la experiencia de los recientes movimientos ciudadanos contra el desafuero y la lucha poselectoral permitieron que el cerco siguiera organizado sin sobresaltos, pero con firmeza.

Todo aquel que ayer se vistió de traje y quería cruzar por la brigada de las enaguas profundas se quedó en el intento. «Aquí no pasan senadores del PRI ni del PAN», los atajaron.

Un joven abogado, asesor del grupo parlamentario del PRI, arguyó que era estudiante de la UNAM, y con tal de llegar a su trabajo, les dijo zalamero: «Yo también estoy con el Peje ¡Todos con el Peje!» Y pasó.

La festividad, ayer, se extendió por todo el cerco. Además de la brigada 11, la mayoría utilizó equipos de sonido para su propia música, de la vieja guardia setentera hasta del Acapulco Tropical, pero que todavía las mueve. Otras brigadas, frente al Palacio de Correos, organizaron su propia cascarita, las adelitas contra las bizcochos, «¡para todas las que viven y aman la intensidad de la privatización!» Y como no se trata sólo de pasar el rato mientras permanece el cerco, se anunció que abogadas constitucionalistas ofrecerán conferencias sobre los alcances del artículo 27 de la Constitución y cómo las iniciativas calderonistas pretenden violentarlo.

«Porque todas sabemos de qué se trata, pero también debemos tener armas con que defendernos», explicó una de las adelitas frente al Senado.

Un ama de casa que se acercó a obtener su credencial de representante del «gobierno legítimo» de Andrés Manuel López Obrador confió: «Mi hijo me dijo: ‘no vayas, mamá, te van a matar’. ¿Verdad que no? Yo le dije que teníamos que luchar para que no nos pasara como en 1968, y para que luego del petróleo no nos privaticen las universidades o la salud, como quieren».

En ese ambiente también corrió la voz de que los senadores estarán en la Cámara de Diputados, para la sesión solemne ­si es que ésta se realiza­ de recepción a la presidenta de India, Pratibha Devisingh, pero aun así el cerco se mantiene.

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