EN DEFENSA DE PEMEX
Para todos los mexicanos, y lo sabemos bien quienes estuvimos allí en los años del exilio, Petróleos Mexicanos (Pemex) es un auténtico símbolo, una prenda de nacionalidad. La nacionalización del petróleo es el mayor logro de la revolución mexicana de 1910, la primera revolución social de América, iniciada por Francisco Madero y continuada (después de su asesinato) por Emiliano Zapata y Pancho Villa. Fue consagrada en el gobierno de Lázaro Cárdenas, que asumió en 1934 y es considerado continuador de la obra revolucionaria, porque llevó adelante la fundación de Pemex expropiando las compañías extranjeras, yankis y británicas, la reforma agraria, la industrialización del país y la universalización del sistema educativo, además de la defensa acendrada de la República Española y de los miles de asilados que encontraron en México fraterno su segunda patria. La Constitución mexicana establece taxativamente que el petróleo es propiedad de la Nación. De hecho, el 40% del presupuesto nacional se solventa con la renta petrolera.
Esta tradición es lo que pretende subvertir el proyecto de Calderón. La oposición y gran parte de la población lo considera una traición a la patria. Bajo el manto de una alegada «flexibilidad empresarial», la iniciativa del gobierno abre cauce a la participación de empresas privadas en la explotación petrolera, basándose en que Pemex no cuenta con recursos ni con tecnología adecuada para acometer nuevas prospecciones (sobre todo marinas) cuando se vislumbra a un plazo relativamente breve la extinción de las reservas detectadas de hidrocarburos. El gubernista PAN procura llegar a acuerdos con el PRI en esta materia. La oposición frontal viene por el lado del Frente Amplio Patriótico (FAP), que integran el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Partido de los Trabajadores (PT) y el grupo Convergencia. La lucha recién comienza. Las movilizaciones del domingo en el Zócalo, manifestaciones populares ante el Congreso y la protesta de los legisladores de la izquierda dentro del recinto son las primeras de una serie de acciones frente a un tema de trascendencia nacional, que concita como pocos la sensibilidad de los mexicanos todos.
De ello nos informó el parlamentario mexicano Gustavo Iruegas, responsable de relaciones internacionales del PRD. En gira por América Latina, y luego de visitar Buenos Aires, Iruegas dio cuenta de la lucha del pueblo mexicano en defensa del petróleo y a la vez brindó una explicación exhaustiva de los avatares de la elección presidencial de 2006. Al respecto se proyectó, en una sala del anexo del Palacio Legislativo, un extenso video titulado «Fraude», un documento verdaderamente excepcional. Quedó una copia para nosotros, y pensamos que conviene organizar su exhibición en todas partes.
A esta altura debo hacer una confesión. Yo tenía la sensación muy clara de que la elección de Calderón, con el patrocinio y la intromisión desaforada del presidente saliente Vicente Fox, había sido fraudulenta. Escribí una serie de notas al respecto. Pero después de ver el video, esta sensación se ha transformado en una convicción absoluta. La conducta del Tribunal Nacional Electoral (TNE) estuvo viciada de gruesas irregularidades y parcialización (siempre para el mismo lado) a lo largo de todo el proceso. Las actas no coincidían con el recuento, las cifras no cerraban. Hubo miles de urnas «embarazadas», rellenadas en forma fraudulenta, con más votos que las boletas distribuidas y que el número de electores consignado, casillas en las que había cientos de votos para Calderón y cero para López Obrador. La negativa cerrada del TNE de proceder al recuento «voto por voto, casilla por casilla», lema surgido espontáneamente de la ciudadanía, es algo más que sospechoso. Cuando finalmente, al cabo de muchos días, se logró que se volviera a contar un pequeño porcentaje (el 9%) de los votos, se encontró que los sobres estaban abiertos, los lacres violados y muchas hojas de votación que estaban en el interior no tenían ningún doblez, o sea que nunca se habían colocado dentro de una urna. Todo esto, registrado con precisión y esmero, y en forma reiterada, no deja lugar a la mínima duda.
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