MAS VIOLACIONES EN DARFUR
El informe de 44 páginas de «Human Rights Watch» titulado «A los cinco años del conflicto, no hay justicia para detener la violencia sexual en Darfur» y publicado a comienzos de abril, documenta las numerosas violaciones cometidas generalmente por soldados o milicias aliadas al gobierno árabe de Khartum. Según Georgette Gagnon, directora del programa de Africa de «Human Rights Watch» : «Las mujeres y las niñas en Darfur viven constantemente bajo la amenaza de ser violadas. «El gobierno sudanés ha declarado «tolerancia cero» contra la violencia sexual, pero en la práctica no ha hecho nada para proteger a las víctimas». En febrero de 2008 por lo menos 10 mujeres y niñas fueron violadas cuando fuerzas del gobierno y milicias aliadas realizaron un ataque masivo contra las aldeas de Sirba, Silea y Abu Suruj en el oeste de Darfur. Una niña de 12 años contó cómo un soldado árabe uniformado la convenció de que la ayudaría a encontrar su burro que se había extraviado fuera de su campamento. Cuando llegó a un lugar descampado le arrancó el vestido y le «hizo cosas malas». En otro caso, una niña de 11 años fue violada por tres hombres armados cuando fue a juntar hierbas. El ataque la dejó tan mal herida que tuvo que ser evacuada a un hospital por un helicóptero de la Unión Africana.
En un comentario sobre el informe escribe James Read de la BBC que «Las formas de la violencia de la violencia han cambiado y que ahora las mujeres y las niñas suelen ser atacadas no solo durante acciones bélicas, sino también en períodos de calma».
Por su parte, el informe de «Amnesty Internacional» hace hincapié en la escasa edad de las víctimas. Según la organización, hay niñas de 8 años que son violadas y utilizadas como esclavas sexuales. Las sobrevivientes a los ataques deben enfrentar una vida de vergüenza y marginación de sus propias familias y comunidades. Según la investigadora de «Amnesty», Benedicte Goderieux, «los centenares de casos de violación conocidos son apenas una parte de los cometidos. Teniendo en cuenta el tabú cultural vinculado a la violación, las mujeres temen contar su desgracia a los escasos médicos y enfermeras en los campos de refugiados». Según lo señala el informe, «las violaciones forman parte de acciones sistemáticas e ilegales contra civiles en el norte, oeste y sur de Darfur por parte de una milicia dependiente del gobierno y por el ejército sudanés. Los ataques constituyen una respuesta a la insurgencia de dos grupos políticos armados reclutados fundamentalmente entre las etnias Fur, Masalit y Zaghawa.
Otra parte del informe ofrece una sombría descripción de las consecuencias de las violaciones: «Las mujeres que resultan embarazadas como resultado de la violación a menudo sufren complicaciones, antes, durantes y después del parto, debido a las heridas físicas causadas por la agresión. Al dar a luz, las mujeres que han sido violadas suelen tener problemas de fístulas y pierden el control de la vejiga y los intestinos. Debido a su incontinencia son aisladas. El temor a la exclusión, sin embargo, es la principal preocupación, dice la doctora Petra Clarke, de la Fundación Médica para la Atención a las Víctimas de la Tortura. «Los efectos físicos de la violación normalmente disminuyen a los 10 días, pero las consecuencias a largo plazo pueden ser terribles. Si bien existe el peligro de ser contagiadas de SIDA o de otras enfermedades venéreas, el problema más serio es el aislamiento social. Faltan recursos médicos para detectar síntomas de sida o ayudar a mujeres o niñas contagiadas, debido a que las agencias están abrumadas por la necesidad de repartir alimentos y deben hacer frente a las dificultades de acceso, logística y falta de personal. Las consecuencias de esta ausencia de apoyo médico para las sobrevivientes de violaciones son muy graves.
Corrobora estos informes la periodista Karen Allen, de la BBC, que envía un mensaje desde Kutum, un campamento con 20.000 refugiados en Darfu, el 8 de abril. Entre otras cosas escribe: «Encontré 21 mujeres y niñas que han sido violadas en el campo durante las últimas dos semanas.
Es una cifra considerable que nos da una idea de la vulnerabilidad de las zonas en las cuales los soldados de la fuerza pacificadora africana están ausentes. Hawa, una de las chicas violadas, acusa a las milicias Janjaweed vinculadas al gobierno sudanés. Pero en realidad, también los grupos rebeldes son responsables de esta clase de crímenes».
Nada de esto es nuevo ni sorprendente. Lo único tristemente sorprendente es la relativa pasividad e indiferencia de las organizaciones femeninas en el mundo, cuyas protestas son demasiado débiles o inexistentes.
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