LOS ENTRETELONES DE LA OEA
Durante varias horas la posición de EEUU tuvo el apoyo expreso de Colombia, México y El Salvador. Colombia era el país agresor. En la primera reunión de consulta de los representantes permanentes de la OEA (4 de marzo en Washington) y en la del Grupo de Río (7 de marzo en Santo Domingo) el delegado colombiano Camilo Ospina y el presidente Álvaro Uribe en persona pretendieron confrontar los principios de la soberanía nacional y la inviolabilidad territorial de los estados, establecida en forma contundente en los artículos 19 y 21 de la Carta de la OEA (y en la de la ONU), anteponiéndoles el derecho a la seguridad y la «lucha contra el terrorismo». Era la traducción de la doctrina de la «guerra preventiva» en la cual Bush basó la invasión a Afganistán y a Irak. Esta tesis sufrió una paliza como pocas veces se recuerda en el organismo interamericano. Mejor dicho: esto nunca había ocurrido. Se llegó al punto de que Uribe debió retirarla y pedir excusas formales en Santo Domingo. Pero la resucitó John Negroponte (un halcón de marca mayor, de sinuosa trayectoria, actual Nº 2 del Departamento de Estado) en la reunión de consulta en Washington, conjuntamente con Thomas Shannon. Ellos también manejaron la tesis de que el combate al terrorismo justifica la violación de la soberanía nacional. Ni un solo delegado los acompañó.
La misma tesis había sido expuesta por la secretaria de Estado Condoleezza Rice en su reciente visita a Brasil. No le llevaron el apunte. En la reunión de Washington, el canciller Brasileño Celso Amorim propuso que se reiterara el apoyo a la resolución del Grupo de Río y que no se aceptara la tesis de que el combate al terrorismo justifica violaciones a la soberanía territorial. Ahí comenzó a resquebrajarse el bloque inicial de los tres países que habían hecho causa común con EEUU, los cuales terminaron por adherir a la propuesta común. Además de Colombia, directamente afectada, estaban en esa postura El Salvador, el único país latinoamericano que mantiene efectivos en Irak junto a las tropas de ocupación yankis, y cuyo ex presidente Francisco Paco Flores fue candidato fracasado, digitado por EEUU, a la secretaría general de la OEA; y México, con múltiples lazos bilaterales con su vecino del norte desde el anterior gobierno de Fox, como se vio en particular en la Cumbre de Mar del Plata en que se rechazó el ALCA. Tampoco Canadá se plegó a la postura de EEUU, que quedó en absoluta soledad.
Observadores que accedieron a los pasillos de la reunión señalan que Negroponte y Shannon contaron con el apoyo de más de 50 funcionarios del Departamento de Estado destinados a hacer lobby (no se olvide que la reunión se efectuaba en Washington) y presionaron en particular a los países del CARICOM, la comunidad caribeña. No lograron sumar un solo voto al de los Estados Unidos. Los comentaristas destacan la firmeza de las posiciones sostenidas en el debate por las delegaciones de Brasil y Argentina. Por nuestra parte, señalamos la posición constructiva de Uruguay en la búsqueda de acuerdos y en la afirmación de la paz en esa instancia en la cual el canciller Gonzalo Fernández, nombrado vicepresidente de la reunión, inauguró de hecho su actuación internacional (véanse nuestras notas del 24 de marzo, «Tras la reunión de la OEA», y del 25 de marzo, «La derrota de EEUU en la OEA»). Allí reseñábamos la posición del canciller venezolano Nicolás Maduro, que expresó: «Ha triunfado la paz, ha triunfado América Latina y el Caribe, la gran voluntad y la gran conciencia de paz que hay en la región»; y agregaba que la resolución conlleva un mensaje directo «frente al boicot, el sabotaje y el intento de intriga. ¿Quién saboteó, quién boicoteó? Está muy claro: el gobierno de Estados Unidos. Ya se sabía en los pasillos».
Es lo que ahora se confirma plenamente. Con un agregado: como escribe el periodista Eleazar Díaz Rangel, antiguo compañero de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) y director de Últimas Noticias, «algunos cancilleres salieron con la confianza de que en la OEA soplaron vientos de cambio en esta reunión de consulta que dejó a la delegación estadounidense sin un solo aliado». Bien dicho.
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