Mitin peronista contra el paro y en apoyo a Kirchner
Decenas de miles de manifestantes hicieron ayer martes una demostración de fuerza en la histórica Plaza de Mayo en apoyo de la presidenta Cristina Kirchner, en su puja contra agricultores en huelga, en una Argentina otra vez dividida entre «ciudad o campo» y «oligarquía o pueblo».
«¡Fuerza Cristina, no aflojes!, gritaba la multitud, convocada por el gubernamental peronismo, mientras portaban cartelones que condenaban a «la oligarquía terrateniente», «los grandes grupos económicos y financieros» y «los golpistas de la dictadura (1976-1983)».
Las duras leyendas levantadas por activistas progubernamentales de la oficialista central obrera CGT, organizaciones piqueteras y de derechos humanos reeditaban viejas antinomias que convulsionaron al país sudamericano desde el primer golpe de Estado sufrido en 1930.
«¡Que se vayan, que se vayan!», había proclamado la oposición en las marchas nocturnas en las principales plazas del país la semana pasada, mientras golpeaba cacerolas en apoyo a la huelga de agricultores que lleva 20 días, con tractores y piquetes en resistencia a un alza de impuestos a las exportaciones.
En un país con un fuerte sector agrícola, la cosecha de soja de 2008 está calculada en unos 24.000 millones de dólares, una tentadora renta que ha provocado una lucha entre Gobierno y productores para decidir quién se queda con la parte de león.
Pero la rebelión de los agricultores, que tienen montados unos 400 piquetes en las rutas, ha tomado un giro político, pues el gobierno reflotó el lenguaje usado contra antiperonistas y golpistas, popularmente llamados «los gorilas».
«El movimiento obrero, en su larga historia de lucha, tiene sobre sus espaldas años de proscripción, cárceles y muertos», dijo el martes la Federación de Empleados de Comercio, que integra la peronista Confederación General del Trabajo (CGT), con 10 millones de afiliados.
Organizaciones progubernamentales recordaban la prohibición del peronismo y la represión a sus activistas, incluso con fusilamientos, después del sangriento golpe de Estado que derrocó al presidente Juan Perón en 1955.
Frente a la agudización de un conflicto que está dejando sin alimentos a las ciudades, el Gobierno intentó en la víspera un gesto conciliador al remediar el resistido incremento de los tributos a las exportaciones de soja con subsidios y créditos blandos a pequeños productores con menos de 200 hectáreas.
«Los pequeños productores no son los enemigos del pueblo, son los grandes grupos terratenientes», dijo la Unión Obrera Molinera, miembro de la CGT.
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