Angelus en plaza San Pedro

Roma, ANSA

El papa Juan Pablo II presidió ayer tres ceremonias en la plaza San Pedro, plaza de España y la basílica de Santa María la Mayor en el marco de la celebración de la fiesta litúrgica de la Inmaculada Concepción.

Después del rezo del Angelus en plaza San Pedro que fue seguido por miles de personas que saludaron vivamente al Papa, el Pontífice –que lució discretas condiciones– se trasladó a Plaza España, donde por vigésimo tercer año consecutivo y de acuerdo a la tradición, depositó un canasto con 250 rosas al pie de la estatua de la Virgen María que recuerda el dogma de la Inmaculada Concepción.

El Pontífice fue recibido por unas 15.000 personas, encabezadas por el alcalde de Roma, Francesco Rutelli, y por el cardenal vicario de Roma Camillo Ruini.

Juan Pablo II depositó las flores en la base de la columna que sostiene la estatua de María, adornada por centenares de decoraciones florales y canastas multicolores llevadas por los fieles católicos durante todo el día.

Ya en la mañana local, y siempre de acuerdo a lo que la tradición impone para la fecha, un bombero subió cien escalones para depositar una guirnalda de rosas en el brazo de la estatua.

Como todos los años desde que fue elegido para el trono de Pedro en 1978, Karol Wojtyla, de 80 años, rezó una breve oración al pie de la columna arrodillándose en un reclinatorio de madera y terciopelo apoyado en un tapete.

En su breve discurso recordó que fue el papa Pío IX, recientemente beatificado, quien en 1856 ordenó levantar la estatua que recuerda al dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado dos años antes.

De acuerdo al dogma María nació sin el pecado original porque estaba destinada a ser la madre de Cristo.

Al finalizar la ceremonia el Papa se dirigió, siempre seguido por una multitud de fieles, a la basílica de Santa María la Mayor, donde rezó el himno bizantino.

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