EL DALAI LAMA Y ANDREI SAKHAROV
El Dalai Lama ha recorrido el mundo en defensa de la identidad de su pueblo. Detrás de su genuina simplicidad y modestia, propia de los grandes hombres, esconde una voluntad férrea y una inteligencia serena, construidas a lo largo de años de lucha por el dominio de sí mismo, y puestas enteramente al servicio de su tierra y de su gente. En términos bíblicos, se diría que su combate se asemeja al de David contra Goliat.
El Dalai Lama ha vuelto a ocupar el centro del escenario mundial en virtud de la rebelión desarmada de los tibetanos y de la brutal represión con la que respondió el gobierno de Pekín.
Un error grave para decir lo menos cuando la China se prepara para hospedar en su capital los Juegos Olímpicos de 2008.
El Dalai Lama respondió desde Dharamsala, sede de su exilio, con su habitual firmeza, acusando a China de «genocidio cultural», una expresión que sirvió para movilizar las conciencias en todo el planeta.
La retórica réplica del gobierno de Pekín, consistió en imputarle la responsabilidad de haber provocado los motines, con la intención de crear dificultades para la realización de los Juegos Olímpicos.
Tranquilamente, el Dalai Lama recordó que, como pacifista, no piensa que el problema del Tibet se pueda resolver por la fuerza, sino mediante el diálogo, una opción que lo coloca en oposición al sector extremista tibetano. Y agregó con argucia e ironía que hasta desea que los Juegos Olímpicos se realicen en Pekín como está previsto, con normalidad y exitosamente, por «respeto al pueblo chino y por lo que ello puede significar para su anhelo de libertad».
Al escuchar en la televisión estas palabras pronunciadas por el Dalai Lama me vino a la memoria la experiencia que tuve cuando quise visitar a Andrei Sakharov, también Premio Nobel de la Paz (en 1975), durante un viaje oficial como Presidente de Portugal, a lo que todavía era la Unión Soviética en tiempos de Mijail Gorbachov y de la Perestroika.
El protocolo soviético me opuso los mayores obstáculos para hacerme desistir de la visita. Pero yo insistí y amenacé con interrumpir mi gira.
Finalmente, autorizaron que un automóvil de la embajada portuguesa fuese a buscar a Sakharov, una mañana gélida de Moscú, para tomar un café conmigo en la embajada.
Cuando yo llegué, temprano para la cita, me encontré con la embajada cercada por la policía soviética, con un despliegue de seguridad tan imponente y desproporcionado que hizo estremecer al personal de la embajada, en gran parte empleados domésticos y de secretaría, casi todos rusos e incapaces de disimular el miedo. Hasta colocaron fuerte vigilancia en el barrio y las calles de acceso.
Poco después llegó el auto que traía a Sakharov y a su mujer Yelena Bronner. El era un hombre alto, tranquilo, con ojos azules, claros.
Tuve la sensación de que un rayo de luz atravesaba la niebla de la frígida mañana rusa.
Al llegar al comedor, donde lo recibí, le hice señas para advertirle que allí probablemente habría micrófonos escondidos. Me contestó con calma. «No tiene importancia, ellos saben todo lo que pienso. Y ya están habituados.»
Después hablamos de todo, largamente, en plena libertad. La fuerza bruta de la intimidación nada podía contra la conciencia cívica de Sakharov.
Ex Presidente y ex Primer Ministro de Portugal (COPYRIGHT IPS).
Te recomendamos
¿mesías?
Milei rendirá tributo al mesiánico Rebe de Lubavitch, que predicaba supremacismo racial judío
Desde proclamarse mesías y decir que los judíos son la raza superior hasta los escándalos de pederastia encubiertos por la organización: este es el movimiento al cual Javier Milei rendirá tributo en el Palacio Libertad.
Compartí tu opinión con toda la comunidad