Irak. Los enfrentamientos dejaron ya más de 260 muertos

Sadr y su milicia  resisten a Maliki

Poco después, Maliki repitió que estaba decidido a proseguir la ofensiva de las fuerzas iraquíes contra los milicianos chiitas en la localidad sureña de Basora, hasta que sean «castigados».

Consideró asimismo que aquellos que combaten al Ejército son «peores» que los extremistas de Al Qaeda, la nebulosa terrorista que ha echado raíces en Irak desde la invasión estadounidense de marzo de 2003.

Desde el 25 de marzo, Basora, Bagdad y otras ciudades iraquíes son escenario de enfrentamientos entre los milicianos del Ejército del Mahdi de Moqtada Sadr y las fuerzas iraquíes, que cuentan con ayuda de las tropas estadounidenses.

Estas escaramuzas se propagaron el sábado a la ciudad santa de Kerbala (centro-sur), y desde su inicio han causado al menos 260 muertos y cientos de heridos, según un cálculo de la AFP. El movimiento sadrista, opuesto categóricamente a la ocupación estadounidense en Irak, acusa al primer ministro Maliki de actuar por cuenta de los estadounidenses y pide su dimisión.

Reforzado por un apoyo popular considerable, exige además una mayor participación en las instancias de poder.

Maliki no ha designado al movimiento sadrista como blanco de su operación en Basora, que supervisa personalmente, sino que asegura querer eliminar a los «elementos criminales» que aterrorizan a los civiles.

Lo cierto es que el gobierno lleva meses exigiendo la disolución del Ejército del Mahdi, una organización paramilitar muy poderosa que escapa a su control. Un responsable de los sadristas en Nayaf (centro-sur), Haidar al Jabiri, anunció a la AFP que Moqtada Sadr había pedido a sus seguidores que «no entregaran (sus) armas, salvo a un Estado que pueda deshacerse del ocupante».

Las declaraciones de Al Jabiri, miembro del comité político del movimiento sadrista, llegan un día después de que Maliki hiciera una oferta a los habitantes de Basora: la entrega de sus armas a cambio de recompensas. Esta propuesta está vigente hasta el 8 de abril y abarca tanto las armas pesadas como las medias.

El primer ministro había dado anteriormente un ultimátum de 72 horas a los milicianos para que depusieran sus armas. El plazo venció el viernes por la mañana.

En una declaración por televisión, Maliki anunció que las fuerzas de seguridad no saldrían de Basora mientras no se hubiera restablecido la seguridad y fueran castigados «aquellos que apuntan sus armas contra el Estado».

El sábado, aviones estadounidenses realizaron dos bombardeos sobre posiciones de los milicianos en la ciudad.

El primero de ellos, antes del alba, tuvo como blanco el barrio de Al Baath, en el noroeste de Basora, y dejó ocho muertos y varios heridos, según varios testigos.

Posteriormente, los aparatos estadounidenses lanzaron bombas sobre el barrio de Karmat Ali, en el norte de Basora, según un portavoz británico, comandante Tom Holloway.

Se trata del tercer bombardeo de la coalición desde el viernes por la mañana.

En Bagdad, sigue vigente un toque de queda por segundo día consecutivo y hasta el domingo por la mañana. Las principales arterias bagdadíes estaban desiertas el sábado.

Los habitantes de Sadr City, bastión de Moqtada Sadr en la capital, y Basora se sienten amenazados por una penuria de alimentos y agua.

«Ya no hay agua ni electricidad. Las reservas de comida se agotan», aseguró Riyad Rubaie, un habitante de Sadr City.

En un comunicado, el Comité Internacional de la Cruz Roja expresó su inquietud ante el impacto de los combates sobre las condiciones sanitarias de Bagdad y Basora.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje