OPINION INTERNACIONAL

A PROPOSITO DEL TERMINO "SHOA"

El antiquísimo vocablo hebreo «shoá», refiere desde tiempos inmemoriales a «tragedia, destrucción, catástrofe, calamidad», entre otros. Lo encontramos varias veces en las Sagradas Escrituras: en el Libro de Isaías (47:11) es traducido como «destrucción» o también «catástrofe»; en Salmos 35:8 se tradujo al castellano por «desastre», o asimismo «ruina», «quebranto» y «destrucción»; y en Sofonías 1:15 devino en «asolamiento» y «devastación». En efecto, quien se expresa en idioma hebreo y haga uso de la palabra «shoá», como lo hizo el viceministro Vilnaí, habrá de referirse a dichas acepciones del término, en todo o en parte.

Cuando el mundo conoció en toda su magnitud la más horrenda de las masacres que la mente humana haya jamás cometido, el exterminio premeditado, industrializado y mecanizado de los judíos de Europa, el mundo debió encontrar una palabra que condensara una ínfima parte del horror. Es así que se acuñó el triste término «Holocausto», que pasó a ser en hebreo «la shoá de los judíos de Europa», y con el correr del tiempo, «la Shoá» a secas, con mayúscula y por antonomasia. La nueva acepción convive desde entonces con su uso primigenio y ancestral.

Desgraciadamente, el viceministro Vilnai tiene toda la razón. Desde que Israel se retirara por completo de la Franja de Gaza, y desapareciera la razón aducida por los palestinos extremistas para perpetrar actos de terrorismo deliberado contra civiles inocentes, se han duplicado y más aún las andanadas de cohetes mortíferos lanzados contra territorio indisputado del Estado de Israel: 900 cohetes fueron disparados sólo en lo que va de 2008; no menos de 4500 artefactos, desde la retirada de Israel de la Franja de Gaza, en agosto de 2005.

Una vez más, en vez de aprovechar las oportunidades, y en lugar de hacer pasos rumbo a la solución de dos Estados para dos pueblos, coexistiendo pacíficamente uno al lado del otro, los asesinos de Hamás siguen empecinados en su obsesión de destruir a Israel para dar lugar a la «Gran Palestina». Si los terroristas habrán de prevalecer por sobre el interés nacional palestino de tener su propio Estado, terminarán efectivamente sumiendo a su propio pueblo en la ruina y el quebranto.

Exactamente a eso se refería el viceministro Vilnai. Claro es que, si el que escribe es malintencionado y su lógica se inscribe en el principio de «no me confundan ni me contradigan con los hechos y la realidad», o en otras palabras, doblega la realidad a sus posiciones, cualquier expresión puede ser sacada de su contexto y tergiversada, a fin de servir a los propósitos de propaganda y falsificación de los hechos, las declaraciones y las realidades.

Cónsul de Israel

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