EEUU ayudaría a Colombia con U$S 1.300 millones
El gobierno de Bill Clinton inició ayer una delicada campaña para presionar en el Congreso en favor de una ayuda a Colombia de 1.300 millones de dólares, destinada a brindarle una ventaja militar decisiva en la guerra contra la droga.
El «zar» antidrogas de Estados Unidos, Barry McCaffrey, invocó entre otros argumentos un incremento del 140% en la producción de cocaína en Colombia durante los cinco últimos años, para intentar convencer a los legisladores escépticos de la necesidad de aprobar rápidamente la ayuda.
En una audiencia ante un subcomité de la Cámara de Representantes, los congresistas escucharon además argumentos presentados por el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Peter Romero, entre otros funcionarios.
«Los nuevos datos confirman que se produjo un importante traslado de los cultivos de coca de Perú y Bolivia a territorios controlados por la guerrilla en Colombia», dijo McCaffrey.
Según el «zar» antidroga, «sin la ayuda norteamericana, Colombia probablemente no podrá lograr los espectaculares avances en la lucha contra la droga alcanzados por sus vecinos andinos».
Un 80% de la ayuda prometida por Washington consiste en equipos militares y entrenamiento bélico. McCaffrey adelantó que la misma incluirá 30 helicópteros nuevos Black Hawk y 33 de tipo Huey, ambos indispensables para brindar más movilidad a las unidades colombianas.
Esa movilidad, explicó, «permitirá a las autoridades colombianas recuperar la soberanía en su propio territorio, y particularmente en el sur del país».
El republicano Benjamin Gilman, presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, anticipó que el proyecto de ley sobre la ayuda será sometido a votación a partir de principios de marzo.
Los cuestionamientos más agudos a la iniciativa provinieron de la bancada demócrata. La representante Jan Schakowsky (Illinois) se interrogó sobre la necesidad de invertir más dinero en una estrategia que no ha dado resultados.
Además, agregó, «no hay nada en el paquete destinado a (atender el problema) de los grupos paramilitares, a pesar de que están involucrados» en el narcotráfico. También acusó a la Casa Blanca de no dar prioridad a la prevención y tratamiento de la drogadicción en Estados Unidos. Los republicanos respaldaron en su mayoría la idea de ayudar militarmente a Colombia, aunque algunos criticaron al Gobierno por no haberlo hecho antes y mejor, señalando lentitudes burocráticas. «Lleva varios años tarde, pero más vale tarde que nunca», comentó Dan Burton (republicano, Indiana).
Tanto Burton como Gilman objetaron además que el paquete contemple cerca de 600 millones de dólares para las Fuerzas Armadas y solamente 85 millones para la policía nacional colombiana, la fuerza más fiable a la cual Estados Unidos –según afirmaron– debe suministrar más helicópteros Black Hawk.
McCaffrey replicó que esos detalles deben ser definidos por Bogotá en función de sus necesidades. «Esto debe ser una reflexión estratégica de Colombia, y no de Estados Unidos», dijo. Según el general retirado, 30 helicópteros Black Hawk constituyen la mitad del dispositivo que tuvo a su disposición en la guerra del Golfo.
Negó que la solución al problema sea un simple envío masivo de nuevos aparatos sofisticados cuyo manejo supone un adiestramiento previo.
«Los colombianos no disponen de un sistema capaz de soportar una repentina infusión de Black Hawks», explicó.
El «Plan Colombia» del presidente Andrés Pastrana, al que se destinará la ayuda norteamericana, incluye el combate a las drogas, diálogo de paz con la guerrilla y desarrollo socioeconómico. Tendrá un costo total estimado en 7.500 millones de dólares, de los cuales Colombia aportaría 4.000 millones y la comunidad internacional el resto, incluyendo los 1.300 millones de Estados Unidos.
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