OPINION INTERNACIONAL

EL ENIGMA DEMOCRATA

En cualquier caso, la incertidumbre hasta el final sigue elevando el valor de los votos de los superdelegados a una altura que ambos candidatos demócratas preferían evitar. Este ángulo alarma a la jerarquía del partido, pues las decisiones que tomen estos «más iguales que otros» pueden crear un problema interno que en nada ayudará en las elecciones finales de noviembre.

Después de Texas y Ohio, el más feliz, por supuesto, es John McCain. Aunque ya destacaba, antes de comenzar esta carrera preliminar, como el pretendiente republicano de más fama, patriotismo probado, prestancia, y un lenguaje entre presidencial y popular (rastro de su servicio militar), al haberse descolgado uno a uno sus contendientes, ha llegado a capturar el número deseado de votos, sin apenas haber sufrido ataques. Se espera que el incidente de la revelación de una supuesta infidelidad no haga mella en su campaña, sobre todo mientras sistemáticamente se presenta en compañía de su atractiva esposa Cindy (más joven), que en cada primaria presenta un modelito nuevo y un peinado variado. La fortuna actual de la pareja se remonta a la familia de Cindy, propietaria de una de las mayores distribuidoras de cerveza de Estados Unidos.

Obsérvese que en esta dimensión supera ligeramente a Obama, quien se ve acompañado discretamente por su mujer, en contraste con Hillary, con Hill ausente de forma estratégica. Michelle no tiene nada esconder. Más brillante que su marido, se graduó en derecho en la Universidad de Harvard, y su sueldo como abogada doblaba el de su marido en su común profesión.

La mayor ventaja de McCain es que no tiene nada que perder. Antes de las primarias, y todavía ahora, los sondeos predecían un triunfo demócrata en noviembre, entre otras razones porque el sector de indecisos ya está harto de lo que consideran como una negativa presidencia de Bush. En contraste, McCain tiene mucho que ganar al recibir el apoyo de los conservadores y clase media acosada por el mal estado de la economía. De ahí que Bush se haya mostrado como invisible, por dos razones: debe permanecer neutral hasta que el proceso popular se aclare, y su mutis en el fondo ayuda a cualquier candidato republicano, ya que un abrazo en mal momento representaría el beso de la muerte.

Hasta la fecha, los dos candidatos demócratas se han mostrado prudentes en no atacar frontalmente a su contendiente. Con la excepción de Obama, quien enfatiza la condición de «establishment» de Hillary, no se quitado los guantes y la ha abofeteado innecesariamente. La senadora Clinton apenas se movido con agresión hacia Obama, con la excepción del anuncio televisivo en el que se les pregunta a los votantes en quien confiarían más si el teléfono sonara en la Casa Blanca a las tres de mañana y el/la presidente(a) debiera enfrentarse a una crisis mundial.

Aparte de sus discrepancias acerca de Iraq y los detalles sobre un supuesto desmantelamiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), pocas siguen siendo las diferencias de sustancia en la campaña. Mientras Obama ha anunciado la retirada de Iraq, Clinton se muestra más prudente, y todavía no sabe cómo justificar su voto positivo para la invasión. Ambos, directamente o indirectamente han enviado mensajes de que su táctica contra el NAFTA, que asocia a Estados Unidos, México y Canadá simplemente responde al contexto de ciertos Estados debilitados por el desempleo.

Sin que se sepa qué efecto tendrá en la última etapa de la campaña, el detalle racial debe tenerse en cuenta. Por un lado, es cierto que Estados Unidos, en evolución notable en el presente siglo, está igualmente preparado para tener un presidente negro o una dama al timón. Está por ver si el apoyo feminista será suficiente o si el mensaje de orígenes modestos será la clave del triunfo para Obama. Por un lado, obsérvese que los hispanos en los Estados de mayor volumen de votación (como Texas) se inclinan mas por Hillary que por Obama. Esa aparente contradicción recuerda que negros e hispanos sienten una mutua desconfianza.

(*) Joaquín Roy es Catedrático de la Universidad de Miami.   (COPYRIGHT IPS)

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