PATETICO TRIUNFALISMO
Hamas celebró el retiro israelí como una gran victoria y Mahmud Zahar, uno de los líderes más importantes salió de su escondite para arengar a sus partidarios.
Según el «New York Times» muchos palestinos en Gaza expresaron sus dudas sobre la conveniencia de celebrar el retiro israelí teniendo en cuenta el número de muertos. Pero los radicales islámicos son muy adictos a celebrar victorias y si tenemos en cuenta la guerra mediática, sin duda han ganado puntos ante la opinión mundial exhibiendo su miseria.
Después de todo, la gente tiende a olvidar que esas muertes y esa destrucción eran perfectamente evitables si Hamas hubiera renunciado a su peculiar guerra de desgaste contra el Sur israelí y se hubiera abocado a la tarea mucho menos heroica de desarrollar su economía, dar trabajo y mejorar el nivel de vida de su gente.
Su guerra de desgaste contra Israel no lleva un día. Ya van siete años de cohetes contra poblaciones civiles, jardines de infantes, escuelas, colegios y viviendas en Sderot y otras ciudades y aldeas del Sur. Más de 1000 cohetes por año fueron disparados durante siete años contra aldeas colectivas pertenecientes a la izquierda israelí y partidarias del fin de la ocupación y la creación de un estado palestino.
En los años que siguieron al acuerdo de Oslo surgió la esperanza de una inminente terminación del conflicto. No hubo un idilio entre los trabajadores palestinos que iban a trabajar a Israel y sus patrones, pero entraba dinero a la Franja de Gaza y el nivel de vida comenzó a mejorar. Incluso se formaron sociedades conjuntas de israelíes y palestinos. Todo eso se derrumbó con el lanzamiento de la segunda intifada en el 2001. Como escribe el columnista del diario liberal israelí «Haaretz» Bradley Burston «Para los palestinos el fin del dominio israelí y el subsiguiente encumbramiento de Hamas constituyeron una tragedia de derechos humanos que se transformó en una catástrofe humana. Ya no hubo más trabajo en Israel ni en Gaza. Ya no hubo esperanza»
Hubo épocas en las que las definiciones sobre la responsabilidad en los conflictos entre países y pueblos eran mucho más claras que hoy. Por ejemplo, después de la Primera Guerra Mundial hubo un gran debate sobre la «culpa de guerra». Contaban las intenciones de los beligerantes. Importaba quien comenzó las hostilidades. Era decisiva para el juicio moral la intención de cada uno de los contendientes.
En el conflicto palestino-israelí o árabe-israelí ampliado artificialmente como conflicto iraní-israelí, la gente parece haber perdido las pautas de evaluación lógica del conflicto. Un grosero simplismo sustituye todo juicio crítico : gana el aparentemente más débil y pierde el aparentemente más fuerte.
Pero es imposible entender tanto lo que pasa en Gaza como el conflicto del Medio Oriente sin tener en cuenta los objetivos políticos últimos que guían a sus protagonistas.
La gran mayoría de los israelíes y los palestinos quieren un estado palestino. También, es cierto, hay colonos israelíes recalcitrantes totalmente contrarios a toda concesión territorial y entre ellos no faltan los que tienen pretensiones mesiánicas. Pero son una minoría ínfima. En total, la abrumadora mayoría de los israelíes quiere encontrar alguna fórmula de coexistencia pacífica con los palestinos y el mundo árabe e islámico, en base a la fórmula pragmática de «vivir y dejar vivir».
Hamas tiene aspiraciones mucho más ambiciosas. Quiere un mundo dominado por el Islam en el que los infieles, o sea todos los no-musulmanes, estén subordinados a los verdaderos creyentes. Quiere un mundo teocrático regido por la Sharia y desprecia todo secularismo. Insiste en mantener estrictamente la Sharia, o legislación islámica, que implica entre otras cosas el cortar las manos a los ladrones y lapidar a las mujeres adúlteras. No acepta en modo alguno la existencia de Israel cualesquiera sea las concesiones que el estado judío esté dispuesto a conceder. En el mejor de los casos, está dispuesto a aceptar una «hudna» (tregua) hasta que esté en condiciones militares de vencer militarmente.
Hamas odia la independencia de la mujer, la libertad de expresión, la cultura «corrupta» de Occidente, la libre circulación de las ideas. Es anti-cristiano, anti-occidental, anti-moderno y sobre todo, profundamente antisemita. No es casualidad que en su Carta Fundamental haya citado como fuente de autoridad al famoso libelo «Los protocolos de los Sabios de Sion» una falsificación pergeñada por un agente de la policía zarista de Rusia a fines del siglo XIX que también sirvió de inspiración a Hitler.
Con todo eso, hay quienes quieren creer que Hamas es una organización progresista. Si fuera así, entonces Adolfo Hitler sería el líder izquierdista y progresista más grande de la historia.
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