ANHELO DE UN ACUERDO DE PAZ
Un hito en ese camino será la manifestación del 6 de marzo que, sin duda, reunirá multitudes en Bogotá pero que se desarrollará también en toda Colombia, en Caracas y otras ciudades de Venezuela, y a la que adhieren países europeos como España, Francia, Suiza. En Colombia, el Polo Democrático Alternativo (PDA) marchará «por todas las víctimas, contra todos los crímenes y por la paz». También existe la iniciativa de impregnar de ese contenido las demostraciones proyectadas en Colombia para el 9 de abril, en el 60º aniversario del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, que había convocado al conjunto de la sociedad a una marcha del silencio bajo el signo de la paz.
El viernes, en Caracas, la ex congresista Gloria Polanco declaró: «Desde tierras venezolanas, pido el acuerdo humanitario». Luis Eladio Pérez señaló que «el conflicto colombiano tiene una única salida y es una salida política», agregando que «el gobierno debe persistir en el diálogo para encontrar la paz». En análogo sentido se pronunciaron los ex congresistas Orlando Beltrán y Jorge Eduardo Géchem. El caminante de la paz, profesor Gustavo Moncayo, recorrió 2.400 kilómetros, plantó su tienda blanca en Cali y marcha hacia Florida y Pradera, que las FARC proponen como sede de los diálogos de paz. Desde la ciudad francesa de Reims, el ex esposo de Ingrid Betancourt, Fabrice Delloye, en reportaje de Daniel Viotto para la CNN, dice que la propuesta del presidente Sarkozy, de ir a buscar personalmente a Ingrid Betancourt en la frontera, requiere de una zona de despeje. Coincide su actual esposo, Juan Carlos Lecompte, entrevistado por Hilda Sala de Telesur en Bogotá, mencionando expresamente los municipios de Pradera y Florida, el papel desempeñado por Chávez y por los gobiernos de Francia, España, Brasil, Chile, Ecuador y otros. Fueron relevantes las nuevas declaraciones de Yolanda Pulecio, madre de Ingrid, en momentos de viajar a Caracas para reunirse con los 4 liberados, insistiendo en «la terquedad del presidente Uribe», que «está cerrado», que «no cede y tiene que ceder» para que se llegue a un acuerdo.
El presidente Chávez propuso revivir lo que fue el Grupo de Contadora, creado en 1983 e integrado inicialmente por los presidentes de México, Colombia, Venezuela y Panamá (Contadora es una isla del litoral panameño), que desempeñó un papel decisivo para poner fin a los conflictos armados en El Salvador y en Guatemala. También participó García Márquez. (En Uruguay disponemos de dos libros para estudiar este proceso, obra de los periodistas Stella Calloni y el fallecido Rafael Cribari, el primero, editado en enero 1984, en Panamá, «La guerra encubierta contra Contadora» y, el segundo, por el diario La Hora, en Montevideo, en abril de 1987, «Disparen sobre Contadora»). Este núcleo experimentó ulteriores ampliaciones (incluida la de Uruguay) y prosiguió su labor bajo el nombre de Grupo de Río. Chávez basó su propuesta en el apoyo de gobiernos de América Latina y Europa al intercambio humanitario. Mencionó a los de Argentina y Brasil, que participaron activamente en las gestiones previas a la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, y reiteraron su posición en sendas declaraciones de sus cancillerías. Lo mismo acontece con Francia, España, Suiza e Italia, mediante declaraciones del canciller Massimo D’Alema en Caracas. Se agregan Bolivia y Nicaragua, con expresiones contundentes de los presidentes Evo Morales y Daniel Ortega, así como Ecuador, a través de su presidente Rafael Correa, quien planteó el tema al propio Uribe en la asunción de Alvaro Colom en Guatemala. Hay opinión favorable del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza. Según Chávez un grupo de este tipo podría conformarse a la brevedad e iniciar conversaciones con un delegado del gobierno y otro de las FARC, «para que se sienten a negociar». El grupo podría quedar constituido en la reunión de Unasur fijada para este mes en Colombia. Todos están de acuerdo… menos Uribe. Este es el gran obstáculo que se interpone en el camino hacia la paz en Colombia.
El presidente colombiano se negó de plano al despeje de dos municipios, acusó a las FARC de chantajistas y no propuso ninguna medida en reciprocidad. Contó con un único apoyo: el de Bush.
Es de temer que la muerte de Raúl Reyes, por parte del ejército colombiano, con información de inteligencia del Comando Sur de los EEUU, lo reafirme en esta posición.
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