EL DISCURSO DE RAUL CASTRO
El problema planteado por Fidel Castro al no postularse ni aceptar la presidencia del Consejo tuvo una solución original, inteligente y no traumática. Vivimos un momento emotivo cuando Ricardo Alarcón (reelecto presidente de la Asamblea Nacional, el 43,32% de cuyos integrantes son mujeres) anunció el resultado de la votación a que sometió la propuesta formulada por Raúl Castro en el sentido de que las decisiones fundamentales sobre defensa nacional, relaciones exteriores y economía fueran consultadas con Fidel. La aprobación por la unanimidad de la Asamblea revela la decisión de aprovechar el caudal de conocimientos atesorado por éste en materia ideológica y teórica, así como su experiencia de conducción del Estado, tanto en su país como en el debate sobre los problemas fundamentales de la humanidad. Fidel siempre estará ahí.
El flamante presidente planteó de lleno «la prioridad de satisfacer las necesidades básicas de la población, tanto materiales como espirituales, partiendo del fortalecimiento sostenido de la economía nacional y de su base productiva». Enumeró algunos temas candentes: el incremento de la producción agropecuaria y la mejora de su comercialización, la libreta de abastecimiento, la doble moneda, «la progresiva, gradual y prudente reevaluación del peso cubano» como planteara Fidel en marzo 2005. Sobre estos aspectos no se parte de cero. En los 19 meses que estuvo provisoriamente al mando, Raúl Castro impulsó la discusión de estos temas en millares de asambleas con participación abierta a lo extenso de la isla. Éste es un hecho nuevo, al menos en cuanto a su intensidad, sobre el cual formuló esta aguda reflexión: «No hay por qué temer a las discrepancias en una sociedad como la nuestra, en que por su esencia no existen contradicciones antagónicas. Del intercambio profundo de opiniones divergentes salen las mejores soluciones, si es encauzado por propósitos sanos y el criterio se ejerce con responsabilidad».
Esto es lo que se exige: responsabilidad y disciplina, analizar las cuestiones a fondo, porque «los problemas actuales de la sociedad cubana requieren más variantes de respuestas que las contenidas en un tablero de ajedrez». La frase es de Fidel en su reflexión del 18 de febrero. Con el agregado de dos advertencias básicas, que Raúl formuló así: «No podemos gastar más de lo que tenemos» y «No olvidar que el enemigo sigue al acecho».
A éste se refiere el tercer aspecto central, a saber, las «declaraciones ofensivas y abiertamente injerencistas del imperio y algunos de sus más cercanos aliados».
Al respecto dijo Raúl Castro: «El Departamento de Estado se apresuró a anunciar la continuación del bloqueo en correspondencia con la política de la actual administración. Otros, con matices, se empeñan en condicionar las relaciones con Cuba a un proceso de ‘transición’ dirigido a destruir la obra de tantos años de lucha. ¡Qué poco conocen a nuestro pueblo, tan orgulloso de su plena independencia y soberanía! La Revolución nunca ha cedido un ápice ante las presiones ni se ha dejado influir por ellas».
En efecto, Bush proclamó en su gira africana que EEUU seguirá con el bloqueo y reclamó un «retorno a la democracia» que significaría la vuelta a la enmienda Platt, a la época en que la isla era el garito y el prostíbulo de EEUU, a las dictaduras enfeudadas al dólar tipo Batista. Hablan de democracia los torturadores de Abu Ghraib de Guantánamo (en territorio robado a Cuba), de las cárceles secretas en Europa, los progenitores de la Ley Patriota que viola los derechos ciudadanos, los guerreristas que ensangrientan Irak y Afganistán, alientan a Israel en sus masacres a los palestinos y a Turquía contra los kurdos, al tiempo que sostienen y arman al dictador Musharraf.
Cuba rechaza esas amenazas con pulso firme, defiende el socialismo y sus conquistas. Lo hace por su pueblo, y también por nuestra Patria Grande. Porque si hoy, a través de luchas y confrontaciones, está naciendo una nueva América Latina, este proceso reconoce su origen en la revolución cubana.
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