Empate. Clinton y Obama cabeza a cabeza

"Superdelegados" en la mira de los demócratas

Ante el virtual empate demócrata entre Obama y Clinton los «superdelegados» jugarían un papel decisivo en la elección del postulante a la Casa Blanca.

Bombardeados con llamadas telefónicas y la reaparición de viejos amigos que se habían perdido de vista, los «superdelegados» que podrían decidir la nominación del candidato presidencial demócrata, descubren súbitamente que gozan de gran popularidad.

Nos bombardean de correos electrónicos enviados por todo el mundo, dijo días atrás en el New York Times Donna Brazile, dirigente del Partido Demócrata, a quien incluso llamó su sobrina diciendo: «¡Tía Donna, eres superdelegada!» y haciendo una solicitud a la cual no supo qué responder.

En el bando de Clinton, las maniobras de acercamiento se hacen con estilo familiar: el ex presidente Bill y su hija Chelsea están al parecer colgados al teléfono para convencer a los dirigentes del partido a votar por Hillary.

En el bando de Obama, la ofensiva de seducción es coordinada por el ex jefe de la mayoría de Senado Tom Daschle y por el ex candidato presidencial John Kerry, que compitió en las elecciones de 2004.

Para todos se trata de dar con el argumento clave que lleve hacia su bando a tal o cual delegado honorario a la convención del partido, a fines de agosto en Denver (Colorado, oeste).

«Cómo hacer el amor a un superdelegado», resume crudamente Marty Kaplan, profesor de comunicación en la Universidad de California del Sur, uno de los responsables de la campaña presidencial de Walter Mondale en 1984.

Vince Powers, un dirigente del Partido Demócrata en Nebraska, dijo que su teléfono comenzó a sonar desde que su favorito, John Edwards, se retiró de la carrera a la investidura demócrata el mes pasado.

Al principio lo llamó alguien del equipo de Clinton, luego el mismo ex presidente, más tarde Tom Daschle. A todos les dio la misma respuesta: él respaldaría al candidato que fuera a su Estado antes de las asambleas electorales del fin de semana.

Barack Obama se dirigió a Omaha dos días antes de las primarias, ganó y se fue con el respaldo de Powers, uno de los 796 «superdelegados» del partido.

El senador de Maryland Ben Cardin se vio de pronto lleno de «amigos»: «Hablé con Bill Clinton, Bill Clinton es un amigo», declaró a la cadena de televisión MSNBC. «Hillary Clinton es una amiga, Barack Obama es un amigo, y hablé con todos ellos». Pero no se comprometió.

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