Damnificados. Unas 30.000 personas podrían verse afectadas

Bolivia: centenares huyen de las inundaciones

Emilia Cemo Marupa es una viuda de 65 años, que hace una semana perdió sus pertenencias, cuando las aguas llegaron a la precaria casa de un barrio circundante de la ciudad donde habitaba con sus cuatro hijos y cuatro nietos, y optó por dejarlo todo.

Con una enorme tristeza en su rostro arrugado por los años, Emilia relata su drama: «hemos salido (de la casa) hace una semana, hemos perdido todo, nuestra ropa, nuestras camas y colchones (…) se han ahogado nuestras gallinas y chanchos (cerdos)».

Los primeros días, la familia Cemo estuvo cocinando la poca comida que pudo recoger al momento de la evacuación, pero sus provisiones se han agotado y ahora espera la ayuda del gobierno boliviano y la prefectura de Beni.

La anciana levantó en una zona alta de la ciudad, junto a decenas de vecinos, una tosca carpa de hule, donde se instaló con toda su familia en difíciles condiciones de habitabilidad.

Como Emilia Cemo Marupa, unos 10.000 vecinos fueron evacuados a tierras altas, donde fueron instalados en albergues estatales, pues sus barrios fueron anegados hasta medio metro.

El centro de Trinidad aún es protegido por un dique de cemento y tierra, donde las aguas se encuentran a unos 30 centímetros de rebasar el borde.

Si continúan las lluvias ­como se teme­ parece evidente que habrá una inundación que afectará a unas 30.000 personas, según estimaciones del alcalde de la ciudad, Moisés Shriqui, un general retirado de Ejército que participó en la lucha contra la guerrilla comandada por Ernesto Che Guevara en 1967.

Los pobladores auguran que habrá una irrupción fuerte de las aguas, porque dicen haber visto a caracoles anidar en los troncos de los árboles y en las paredes de las casas a 70 centímetros de altura.

«Habrá inundación, los caracoles no fallan», dice Juan Chimay, de 45 años, mientras maniobra la rústica barcaza en la que transporta a periodistas, convencido en que la creencia de los habitantes se cumplirá.

Los lanchones son el único medio de transporte que sirve para salvar, desde animales hasta bienes materiales en la ciudad, donde hay barrios que parecen asemejarse a Venecia.

El prefecto de Beni, el derechista Ernesto Suárez, exigió al gobierno de Evo Morales declarar la región como «zona de desastre», por la magnitud de los daños ocasionados por las lluvias y cuestionó la lentitud oficial.

«¿Qué se necesita?, ¿que entre el agua hasta Trinidad?, ¿que todos nos inundemos?», cuestionó el gobernador, en una entrevista con el matutino La Razón de La Paz.

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