La mayor crisis del gobierno israelí desde que asumió

Barak adelantó elecciones

Jerusalén, DPA, Reuters y redacción

Tras largas horas de consultas con el primer ministro, Ehud Barak, Ramon había anticipado que la votación implicaba el «entierro» de la actual administración. «El paciente está muerto. Sólo resta la inhumación», había afirmado por su parte el analista Nachum Barnea en el periódico «Yedioth Ajronoth».

Las voces de los observadores se mantuvieron ayer unánimes en señalar que el gobierno de Barak se encuentra a un paso de su fin, a sólo 17 meses de haber comenzado.

En su opinión, Barak ya no puede gobernar con sus propias fuerzas. Sólo 30 de los 120 parlamentarios de la fragmentada Knesset (parlamento unicameral) lo apoyan por completo e incluso el ala izquierda de su partido «Un Israel» se manifiesta abiertamente en su contra. Barak, de 58 años, fue electo en mayo de 1999 para un mandato de cuatro años, pero ha sufrido una ola de críticas por su manejo de las negociaciones de paz con los palestinos y la rebelión de éstos en la Franja de Gaza y Cisjordania, que ya dura dos meses. El primer ministro perdió la mayoría parlamentaria poco antes de la cumbre de Camp David, realizada en julio cerca de Washington con el líder palestino, Yasser Arafat, y ha tratado de forjar una coalición que incluya a sus principales críticos, en un intento de mantener el poder.

El primer ministro ya no tiene compañeros en el proceso de paz en Cercano Oriente: debe enviar a funcionarios de bajo rango a las negociaciones con los palestinos, los planes de reforma fracasan por rechazo de la mayoría y hasta el presupuesto de 2001 le deparó un marcado resto de apoyo en el Parlamento. El espacio de juego político es para el premier prácticamente nulo.

La continuidad del apoyo a su gobierno por parte del ultraortodoxo Partido Shas fue «comprada» con cifras millonarias y la eventual participación del ultraderechista partido Likud, de Ariel Sharon, en un gobierno de coalición se enfrenta con la rotunda negativa de miembros de la coalición de gobierno. La resistencia a esta alianza radica especialmente en que la incorporación de Sharon implicaría descartar de plano toda posibilidad de revivir el proceso de paz en Cercano Oriente. En este panorama, el proyecto de ley presentado por la oposición para la disolución del Parlamento y el llamado a nuevas elecciones fue aprobado ayer con sólo tres votos en contra.

De todas formas, para que entre en vigencia como ley, el proyecto debe ser sometido a otras dos lecturas, lo que podría llevar varios meses. El legislador oficialista Raanan Cohen señaló que los comicios podrían celebrarse «alrededor de julio de 2001″.

Para Barak esta opción representa sin embargo una ventaja: tras la disolución de la Knesset podría gobernar durante varios meses prácticamente sin control parlamentario y podría –aunque con incierto resultado– continuar negociando un acuerdo con los palestinos. Todo primer ministro israelí cuenta con noventa días en el cargo tras la disolución de su gobierno, período en el que Barak dispondría nuevamente de espacio político.

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