Kenia: unos 49 muertos en nuevos enfrentamientos
En total unas 164 personas murieron desde el jueves en Kenia. Al menos nueve personas murieron solamente en la jornada del lunes en Kisumu, Kericho, Nakuru et Burnt Forest, en actos de violencia protagonizados por bandas rivales y o durante operaciones policiales, informaron los servicios de seguridad.
En la noche anterior, la policía informó de la muerte de 25 personas, la mayoría en enfrentamientos tribales, en las ciudades de Nakuru y Naivasha, en la provincia del Valle del Rift (oeste).
En Naivasha (90 km al noroeste de Nairobi) la tensión seguía siendo extrema el lunes, constató una periodista de la AFP. Durante toda la mañana se oyeron disparos y casi todos los comercios de la ciudad permanecieron cerrados. En torno a un centenar de kikuyus, la etnia del presidente keniano Mwai Kibaki, cuya polémica reelección provocó el estallido de la violencia hace un mes, protagonizaron un tenso cara a cara, bajo vigilancia policial, en una carretera en torno al lago Naivasha.
Armados con palos, los kikuyus plantaron cara a unas 200 personas de la etnia luo, que el domingo fueron expulsadas de sus casas por los rivales.
«Que los luos se vayan de aquí, ellos nos expulsaron de Kisumu y Eldoret», declaró a la AFP una persona de la etnia kikuyu que se identificó como James.
Durante la noche fueron detenidas unas 155 personas acusadas de asesinatos o incendios voluntarios en Nakuru y Naivasha, declaró el jefe de la policía keniana, Mohamed Husein Alí, en rueda de prensa en Nairobi.
«Hemos desplegado suficientes policías en el país para restablecer la estabilidad», afirmó este responsable policial, quien afirmó que los enfrentamientos «parecían ser de orden étnico».
«Las diferentes comunidades se vengan unas de otras», dijo.
El Valle del Rift, el escenario de los peores incidentes, la violencia post-electoral fue rápidamente sustituida por los choques relacionados con la posesión de tierra o de orden étnico, que el poder central nunca pudo solucionar desde la independencia del país en 1963.
Kenia, uno de los países africanos más estables hasta finales del año pasado, está inmerso en una gran crisis después de que el jefe de la oposición, Raila Odinga (un luo, apoyado por varias etnias) contestara la reelección de Kibaki, el 27 de diciembre.
En un mes han muerto más de 900 personas y 250.000 han tenido que abandonar sus hogares a causa del conflicto.
En Nairobi, el presidente del opositor Movimiento Democrático Naranja al que pertenece Odinga, Henry Kosgei, acusó al gobierno keniano de dejar el campo abierto para un genocidio, al abandonar, según acusó a los civiles a merced de bandas paramilitares. Ante la persistente violencia, la Unión Europea (UE) amenazó con reducir su ayuda para ese país, si las partes no encuentran «una solución política duradera y consensual» para la crisis. En total, la UE debía entregar 383 millones de euros para el periodo 2008-2013.
Annan, que actúa bajo mandato de la Unión Africana (UA), consiguió que Kibaki y Odinga se reunieran el pasado jueves, sin que ello acabara con la violencia.
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