El progresista es ahora liberal

Puerto Príncipe, AFP

Jean Bertrand Aristide, que a los 47 años peleará el domingo por obtener un segundo mandato presidencial, domina la política haitiana desde 1990 con su carismática pero controvertida personalidad. Desde su irrupción en la política como un joven sacerdote partidario de la teología de la liberación y enérgico opositor de la dictadura duvalierista, Aristide consiguió remontar diversas pruebas dramáticas ayudado a veces por la suerte y otras veces por su habilidad para manejar lo que él llama «la correlación de fuerzas».

Tras pasar por varios intentos de asesinato perpretados por los militares y los «tontons macoutes», la milicia duvalierista, fue excomulgado de la Iglesia católica y expulsado de la orden de los salesianos en 1988 por «incitación al odio y la violencia y exaltación de la lucha de clases». Sin embargo dos años después, apoyado por un sector de la iglesia comprometida con los millones de pobres, fue electo a la presidencia gracias a un discurso nacionalista, progresista, populista y abiertamente antiestadounidense. Ocho meses después de asumir, en setiembre de 1991 fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por el general Raoul Cédras, el jefe del Ejército. En Venezuela primero y en Washington después, galvanizó a la diáspora haitiana para presionar al gobierno estadounidense que finalmente decidió intervenir militarmente en Haití. Devuelto al poder en 1994 gracias a Estados Unidos, país al que antes de las elecciones había calificado de «más peligroso que el sida» no se apartó de sus opciones progresistas. Luego de disolver el Ejército, su último acto político antes de concluir su mandato el 7 de febrero de 1996, fue reconocer al gobierno de Cuba. Su movimiento político, la Familia Lavalas (avalancha en creole) sufrió numerosas defecciones. La más grave fue la de la de la Organización Política Lavalas, liderada por el marxista Gerard Pierre Charles. Rebautizada como Organización del Pueblo en Lucha, la OPL acusó a Aristide de eliminar adversarios, enriquecimiento ilícito y de tener allegados vinculados al narcotráfico. Aristide rechazó las acusaciones diciendo que son fruto de «la traición, la calumnia y el crimen político».

Aristide dice ser fiel a las opciones progresistas pero también tiene un acento liberal al promover una alianza con los empresarios. En estas elecciones aboga por el «renacimiento» de Haití y quiere celebrar por todo lo alto el 1 de enero de 2004 el bicentenario de su país al que considera como «el campeón mundial de la resistencia».

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