Bush con Israel, contra Iran
En este último aspecto, la gira ha sido precedida por un peligroso incidente en el estrecho de Ormuz entre pequeñas embarcaciones iraníes y un destructor, un crucero y una fragata estadounidenses. Lo primero a preguntarse es qué tienen que hacer tres naves de guerra USA en una zona de tránsito del petróleo a la entrada del Golfo Pérsico, que tiene de un lado a Irán y del otro a los Emiratos, Qatar, Bahrein, Arabia, Kuwait, Irak, varios de ellos situados en el itinerario de Bush. Los servicios de inteligencia de EEUU informaron que el programa nuclear iraní no representa peligro alguno, pero Bush los desautoriza y sigue blandiendo la amenaza. El incidente recuerda el del crucero Maddox en el Golfo de Tonkín en 1965, que precedió la invasión de EEUU a Vietnam.
El fundamento de la visita a Israel está expresada en esta frase de Bush en conferencia de prensa conjunta con Ehud Olmert en Jerusalén el día 9: «La alianza con Estados Unidos contribuye a garantizar la seguridad de Israel en tanto que Estado judío». Esta toma de posición unilateral suscitó las severas críticas de cuantos esperaban algún avance en el proceso de paz. Todas las demás definiciones del presidente, que invocó el proceso reanudado en la conferencia de Annapolis, Maryland, el 27 de noviembre pasado, estuvieron teñidas de la misma parcialidad a favor de Israel. En tono inquisitorial se dirigió en Ramalá, Cisjordania, a los gobernantes palestinos, reclamándoles la adopción de medidas para detener el lanzamiento de rockets desde Gaza a territorio israelí. Pero nada dijo de las muertes que un día tras otro, incluido en la víspera del viaje, estuvo perpetrando el ejército israelí en esa franja de Gaza, asesinatos selectivos y colectivos que no se han detenido. Esto de hecho quedo oculto porque hay mayores matanzas en Irak, y ahora en Pakistán y en Kenia.
También en Cisjordania las incursiones del Tsahal son permanentes y en los tres días finales de la semana pasada provocaron además una treintena de arrestos que fueron calificados como un verdadero sabotaje por parte del primer ministro Salam Fayyad. En esta zona palestina se plantea además el tema de las nuevas colonias judías implantadas, que sus ocupantes se niegan a abandonar.
Desde 2001, año de la llegada al gobierno de Ariel Sharon, se crearon 56 nuevas colonias «salvajes» en esos territorios palestinos, lo que eleva su total a 102, según cálculos de la organización israelí Paz Ahora. Israel se había comprometido en 1996 a no crear nuevos puntos de colonización. En la conferencia de prensa conjunta, Bush y Olmert expresaron el deseo de hacer desaparecer esas implantaciones no autorizadas (que Sharon había prometido borrar del mapa). Pero todo esto, una vez más, es puro papel pintado. Leemos en Le Monde: «En lo que respecta a Cisjordania, el estado de Israel exige mantener su control total».
Agrega que según un informe oficial publicado en 2004 por el jurista Talai Sasson, los ministerios de la Defensa, de Infraestructuras y de Educación aportaron bajo cuerda un apoyo masivo a estas «colonias salvajes», donde viven 270 mil israelíes.
Los palestinos exigen además que se ponga término a la construcción de colonias israelíes que ya cuentan con 200 mil pobladores en una docena de barrios situados en el sector oriental de Jerusalén, conquistado y anexado en junio de 1967 y que el gobierno israelí considera parte integrante de «la capital única e indivisible».
En esta materia el gobierno de Olmert no asume ningún compromiso, al contrario, y todo ello con el visto bueno del gobierno de EEUU. Como se sabe, éste destina a Israel la mayor ayuda militar. Como contrapartida, Israel es el único país del mundo que apoya a EEUU en el bloqueo a Cuba (junto a las islas Marshall y Palau).
En 2007 la confrontación palestino-israelí provocó 13 muertos israelíes (7 civiles y 6 militares) y 373 palestinos. Sobre este tema, y la conducta del ejército israelí, hay algo más que decir.
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